SUENA LA BORINQUEÑA
Rubén-Darío Molinary (editor), Puerto Rico, ¿Autodeterminación huracanada? El engaño de EE.UU. a la ONU. Expansionismo militarista, Modelo Colonial y Rezago Económico, CAPRE, Madrid, 2006, 480 págs.
Entre todas las naciones hispanas, evidentemente la que ha llevado una vida dispar de todas las demás desde hace algo más de un siglo, es Puerto Rico. Cuando en 1898 por el Tratado de París, tras la aplastante derrota militar española en la guerra contra Estados Unidos, se cede un Puerto Rico que había alcanzado una fuerte autonomía, evidentemente preludio de una
realidad similar a los dominios británicos, y que súbitamente se transforma en colonia de los Estados Unidos. A primera vista así iba a conseguir ventajas materiales. Desde luego, es de lejos, el país iberoamericano con el mayor PIB por habitante. Pero se encuentra políticamente en un ámbito donde, también a nivel de una colectividad, surge el “efecto demostración” con los otros territorios norteamericanos.
Puerto Rico es, visto así, francamente pobre. Además en 1999 su coeficiente Gini -100’0, toda la renta en una sola mano; 0’0, perfecta equidistribución- era en Puerto Rico de 57’4. El de España, en 1990 era de 32’5; el de Estados Unidos en 2000, de 40’8; el de Suecia, en 2000, de 25’0; el de Paraguay, en 1999, de 56’8. Eso crea, al contemplar el resto de la realidad política gobernada desde Washington, una
sensación de molestia. En el documento “Globalización y desarrollo: desafíos de Puerto Rico frente al siglo XXI (CEPAL, 2005), la realidad económica de la isla fue definida así: “En términos latinoamericanos, eso (su PIB por habitante) no es pobreza, pero comparando con Estados Unidos, sí lo es”. Buena parte de ese desarrollo del PIB se debe a la larga administración del Gobernador Muñoz Marin, en un
periodo incluido dentro de la realidad política de Estado Libre Asociado.
La fidelidad a la cultura hispánica que existe en la isla, crea algo así como una exigencia para que España conozca lo que sucede hoy en Borinquen, el nombre indígena original. ¿Se habla algo, seriamente en los medios de comunicación social de España de la crisis política puertorriqueña experimentada desde enero de 2006, tanto por planteamientos del Gobernador Acevedo, como por tomas de postura de Bush y del Congreso norteamericano? Todo esto se liga a problemas económicos crecientes a partir de 2005.
Eliminar esa ignorancia es el gran papel de Molinary y de la Casa de Puerto Rico en España. Sin ellos, sin este libro concretamente, nada se sabría sobre el problema económico boricua actual.
Recomendaría, en este sentido, comenzar la lectura por la referencia que del periódico “El Vocero” aparece en la página 26, donde se glosa una aportación del libro de Susan M. Collins, “Restoring growth in Puerto Rico”. A continuación se debe leer la aportación de Ricardo Roberto Camuñas Madero, “Antecedentes históricos de un país en crisis” (págs. 283-292). Después vendría el tener en cuenta el ensayo de Marcia Rivera, “Pobreza, desigualdad y disgregación en Puerto Rico; el legado del modelo colonial –en este artículo sobre todo se expone el legado de la colonización norteamericana, prácticamente nada de la colonización española- (págs. 71-92), con un párrafo de la pág. 84 en el que señala que en abril de 2006, mientras el Gobernador “anunciaba el cierre forzoso del grueso de los organismos públicos por… insuficiencia fiscal”, una Comisión del Congreso norteamericano concluía que Estados Unidos podía hacer lo que desease con Puerto Rico, “incluyendo cederlo a otro país”. Debe completarse con la lectura del de Martha Quiñones Domínguez, en las págs. 93-103 y con el acervo de datos numéricos que ofrecen Javier Morillas (págs. 458-476) y Luis Dávila Colón (págs. 477-479). La conclusión debiera ser la aportación de Juan Manuel García Passalacqua (págs. 333-360).
Abril de 2007.