Agencia de Noticias El Portal

Entrevista al Lic. Fernando Osorio[1]

 MASACRE EN UNIVERSIDAD VIRGINIA TECH

 Raúl Arcón / Agencia de Noticias El Portal / Buenos Aires 17 de Abril de 2007.

El lunes 16 de Abril un joven de 23 años,  estudiante del último año de la carrera de Literatura Inglesa, de la Universidad Politécnica de Virginia, en Blacksburg, Virginia, EE.UU. asesinó  a 33 personas  e hirió a una veintena, dentro del establecimiento educativo.  Al finalizar su faena se suicidó con un tiro en la cabeza.  Para tratar el tema conversamos con el Lic. Fernando Osorio, psicoanalista, que se ha especializado en problemáticas vinculadas a la violencia en las escuelas.

Raúl ArcónEn uno de sus libros, dedicado al análisis de la violencia en las escuelas, que lleva por título Violencia en las Escuelas.  Un análisis desde la subjetividad,  usted sostiene que la mayoría de los hechos  violentos que ocurren en los establecimientos escolares no son generados por el sistema educativo, sino por acciones directas o indirectas de la sociedad.

Fernando Osorio  Suelo contar que, en mi experiencia de trabajo y de investigación, he descubierto que  la gran mayoría de los fenómenos violentos ocurridos en las  escuelas  no le pertenecen al sistema educativo sino a fenómenos sociales que irrumpen de modo siniestro dentro de la organización escolar.  Esta aparición es cada vez más virulenta,  en grado creciente y,  lo más complejo del tema es que, muy pocos actores del sistema están preparados para dar respuestas a eso que invade la vida de docentes, alumnos y padres.

RA. Usted hace una diferencia entre violencia escolar y violencia en las escuelas y pone especial énfasis en la partícula “en”.

FO.  La violencia escolar prefiero dejarla para nombrar todos aquellos episodios antidemocráticos que genera el sistema.  Como pueden ser el autoritarismo de un docente que especula con la calificación para lograr el respeto de sus alumnos, o los directivos que someten al personal, que tienen bajo su conducción, con la eterna amenaza del  sumario si no cumplen con sus directivas… y hay miles de ejemplos.   En cambio violencia “en” las escuelas es la violencia social que irrumpe en los establecimientos escolares, que no los genera el sistema educativo,  y que la sociedad prefiere denominar como violencia escolar con la única intención de desentenderse de la responsabilidad que le cabe ante la generación de  violencia.  Le diría que es ideológico.

RA. Sabemos que usted ha estado muy conectado con los episodios de la tragedia ocurrida en 2004 en la localidad de Carmen de Patagones, Argentina.  Lo escuchamos a través de la radio local y en alguna charla organizada con motivo del primer aniversario.  Se ha especulado en estos días con la idea de comparar este episodio con los hechos de Virginia USA.

FO. Yo le diría que estos dos hechos son similares en un único punto.  Se trata de un estudiante que asesina a otros y que las primeras pesquisas indican que tenía una motivación personal, para llevar a cabo semejante hecho,  asociado a un desequilibrio mental. 

RA.  Se insiste en compararlos como si fueran lo mismo.

FO: Yo insisto en no importar ni modelos  ni ejemplos para explicar situaciones locales.  No hay que transferir hechos particulares a una comunidad tan contradictoria y diferente,  a todo lo latino,  como es la norteamericana.  Se trata de una sociedad armada,  que está absolutamente comprometida con la búsqueda de una supuesta libertad a través de la fuerza y de la guerra  y tiene a la mayoría de sus ciudadanos acompañando esta locura.  Fíjese que interesante un dato,  ellos (los norteamericanos) siempre plantean que lo malo les viene de afuera.  Entonces, lo primero que hicieron, los medios de comunicación de ese país,  fue nombrar al homicida como un “surcoreano”, cuando en realidad ese sujeto vivía en EE.UU. desde los ocho años.  Dudo que alguien pueda vivir en ese país  en una posición tan acomodada como la de esta familia, tantos años,  sin ser o ciudadanos americanos o tener una residencia o al menos una validación legal de algún tipo.  Las informaciones que circulan advierten que el homicida tenía permisos para portar armas, chequeras con su nombre, licencia de conducir…  en fin,  me parece que este muchacho estaba muy lejos de ser un surcoreano pobre y marginal.

RA. ¿Por qué  cree usted que  se producen estos hechos,  de asesinatos múltiples,  en los establecimientos escolares?   ¿Se trata de una casualidad?  ¿Podría ocurrir en cualquier lugar? 

FO: Ante un episodio de violencia, en un establecimiento educativo, una vez despejada la idea de atentado o una  hipótesis terrorista o un  móvil político o racial,  hay que historizar el hecho desde el punto de vista subjetivo.  Hay que tratar de indagar porque el sujeto involucrado utilizó ese ámbito.  Y lamentablemente tenemos muy pocos recursos para prevenir un hecho así.  Principalmente porque no se puede prevenir todo.

RA. ¿Podría aclararnos más este punto?

FO.  Por ejemplo,  la matanza en  la escuela rusa de Beslam, en el 2004,  fue por un hecho político,  perpetrado por  un grupo terrorista, que dejó como saldo 186  niños muertos.  Ellos reclamaban algo  y se valieron de la sensibilidad que ocasionaba poner en riesgo la vida de los  niños para conseguir lo que querían.  Se utilizó el ámbito escolar por pura especulación social.

RA. ¿Y cuando se trata de un individuo, cuál es la motivación más esencial?

FO.  Debiera decirle, respecto a lo que usted nombra como “motivación esencial”,  que tampoco es lo mismo cuando se trata de una única persona o cuando se trata de un grupo  de personas que se organizan para perpetrar el hecho.

AR.  ¿El ejemplo de grupo sería lo que  fue,  en 1999,  la matanza en el Columbine…?

FO.  Exactamente.  En esa oportunidad se trato de una “locura de a dos”.  Esto quiere decir que independientemente de la ideación delirante,  de un sujeto que se siente perseguido, hay una planificación “con otro” que no necesariamente está desquiciado.  Puede tratarse, en el caso del cómplice,  de un sujeto  perverso que utiliza la “locura”, la enfermedad  del otro,  para llevar adelante un acto criminal.  Se lo denomina socialmente autor intelectual.   Eso es típicamente perverso: hacer ejecutar a otro un acto en el que también quede sometido a la voluntad del primero.

AR. ¿Hay un móvil que lleva a una persona a que eso ocurra en ese lugar y no en otro?

FO.  Por supuesto no da lo mismo que esa matanza se realice en una escuela que en un centro comercial.  Seguramente el asesino necesita que su acto sea ejecutado en ese lugar específico y que además sea masivo y con la  posibilidad de generar un estado de pánico colectivo.  Lo más importante para el homicida es que, en ese ámbito él,  no es un ser anónimo.

RA. ¿En cualquier otro lugar se lo tomaría como un delincuente común?   

FO. Tratemos de pensarlo desde la figura del francotirador.   No se trató, en este caso,  de un francotirador que desde una posición  clandestina disparó contra sus víctimas.  Se trató de una acción frente a frente.  El asesino estuvo cara a cara con sus víctimas para ver como sufrían, se desesperaban,  se sometían a su deseo.  Este sujeto necesitaba verlos morir bajo el fuego de su arma.

RA.  ¿Entonces se trata de que las victimas no sean seres anónimos?

FO. En general las víctimas,  en este tipo de enfrentamiento,  son amigos, parejas, ex parejas, enemigos o compañeros institucionales, con o sin mayores relaciones de amistad.  Para el agresor la garantía de “tarea cumplida” está dada justamente por el estado siniestro de asombro y perplejidad que genera, en la gente común, que un compañero, un colega se transforme en un asesino masivo de un momento para otro.  Y esto es lo que le  resulta placentero al agresor; puede  verle la cara de terror a la víctima que hasta ese momento era alguien familiar.

RA.  Y la escuela,  es un ámbito lleno de personajes conocidos.

FO. El ámbito escolar es el mejor lugar para que un sujeto desquiciado lleve adelante su plan de venganza paranoide contra todos aquellos que, cree,  pudieran estar enfrentados a él;  o ser simplemente protagonistas de una ideación delirante de persecución que no existe nada más que en su mente. 

RA.  ¿Existe la posibilidad de detectarlos?  ¿Es posible que  alguien común sin formación psicológica o psiquiátrica  pueda darse cuenta que convive con un demente?  La gente de la universidad Virginia Tech dice que era un muchacho raro pero nadie imaginó un desenlace de esta característica.

FO. No es tan fácil porque, en general,  se trata de sujetos psicóticos que han desarrollado una especie de delirio confabulatorio del que tienen que vengarse.  Pero se comportan cercanamente a lo “normal”.   De hecho él relataba muchos hechos de violencia y muerte pero, como estaba en una carrera de literatura, se lo tomaba como un producción de “ficción”.  Algún hecho fortuito inesperado, para sí,  detona esa idea persecutoria y no pueden cesar hasta no concretar algo que ellos sienten como la liberación de la tensión que los atormenta.  Y por supuesto ese hecho fortuito puede ser una ruptura amorosa, un engaño, el acoso de un docente o de uno o varios compañeros, etc., etc. O quizás la interpretación personal de un hecho común que él  toma como trágico por su alteración mental.

RA. ¿Pero como puede ser que nadie se de cuenta que convive con un ser potencialmente tan peligroso?

FO.  A cualquiera de nosotros le puede pasar algo así.  El típico “loco” esteriotipado sólo se ve en la televisión.  Muchos psicóticos transitan por nuestra ciudad o nuestro pueblo sin que lo sepamos.  Quiero aclarar que, en algunos casos y no creo que sea este de Virginia, también puede tratarse de un perverso que despliega, con mucha suspicacia, sus recursos de sometimiento y muchas veces la gente común se ve envuelta en sus actos sin haber advertido cómo llegó hasta esa instancia.

RA. ¿Todos los establecimientos educativos cuentan con personal idóneo para evaluar estos casos?  ¿Sería una forma de prevenirlo?

FO. Si bien no se puede prevenir todo,  es seguro que hay determinados indicadores que uno puede captar.  De hecho tanto en el episodio de Carmen de Patagones como en el de Virginia  ambos jóvenes habían sido derivados a un profesional y había alguna información sobre sus extrañas conductas.  En el caso argentino un retraimiento muy marcado y una reivindicación de la muerte como liberación personal.  Y en el caso norteamericano se trataba de un joven acosador de mujeres, impulsivo y con una comunicación a la institución por parte de un familiar de ciertas conductas suicidas.  En los dos casos ambos agresores anunciaron lo que iban a hacer.  No obstante creo que las escuelas en la argentina están muy desprotegidas y expuestas a situaciones que no se pueden manejar, sin llegar a este extremo.  Hay que capacitar a los docentes pero también hay que incluir personal técnico que apoye su tarea… ellos solos no pueden todo.

RA.  Muchas gracias.

[1] Fernando Osorio es escritor y psicoanalista, con formación en el área de Psicología Forense y Criminología, se desempeñó entre 1992 y 2000 como coordinador del equipo interdisciplinario del programa de rehabilitación psico-social infanto-juvenil para menores en conflicto con la Ley Penal del Consejo Nacional del Menor y la Familia.  Realizó estudios de Postrado en la Facultad de derecho de la UBA y en la Facultad de Psicología.  Actualmente es columnista invitado en la revista “Caras y Caretas”.  Recibió en el año 2004 y en el año 2005 el auspicio de  UNESCO para el dictado su seminario “Violencia en las escuelas”, actividad que realizó en la Facultad de Derecho de la UBA y fue declarada de “Interés Educativo” por la legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y la Comisión de Educación del Senado de la Nación. Participó en 2004  y 2005 como miembro del Consejo Académico Asesor del Observatorio de  Violencia en las Escuelas,  del Ministerio de Educación de la Nación.  Ha creado un espacio en Internet: www.fosorio.com.ar de consultas académicas sobre cuestiones atinentes a la problemática de la niñez y la adolescencia. Los dos últimos libros de su autoría,  que publicó Editorial NOVEDUC (www.noveduc.com) son: “Violencia en las escuelas, un análisis desde la subjetividad” y “Uso y abuso de drogas”.   También publicó como compilador: Inteligencia y Subjetividad. Encrucijadas entre la psicopedagogía clínica y el psicoanálisis, de la misma editorial. 

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