Levanta la Barra durante la Cuaresma
"¿No han aprendido nada en el
estadio? Muchos corren, pero uno solo gana el
premio. Corran, pues, de manera que lo consigan,
como los atletas que se imponen un régimen muy
estricto. Solamente que ellos lo hacen por una
corona de laureles que se marchita, mientras que
nosotros, por una corona que no se marchita. Así,
pues, corro yo, sabiendo a dónde voy. Doy golpes,
pero no en el vacío. Castigo mi cuerpo y lo
someto, no sea que, después de predicar a los
otros, venga a ser eliminado" (1Cor 9:24:27)
La meta del Cristianismo es la vida eterna.
El logro de esta meta demanda un esfuerzo diario
intenso. La época litúrgica de la Cuaresma nos
provee de un campo especial en el que el
esfuerzo diario se intensifica. Cuando nos
exigimos aún más y levantamos la barra de
obstáculos durante la Cuaresma, avanzamos en la
vida espiritual. Nuestros esfuerzos personales,
combinados con la gracia de Dios, nos brindarán
un mayor nivel de mejoramiento propio e
intimidad con Dios.
La vida espiritual no
es un esfuerzo fácil, por causa de nuestra
lastimada naturaleza humana. Cierto, el bautismo
lava el pecado original, pero no tenemos
absoluto control sobre nosotros mismos. San
Pablo describe de manera brillante esta batalla
continua. El representa esta batalla como una
lucha interna (Rom 7:14-25), un tesoro en vasija
de barro (2 Cor 4:7-18), y un aguijón en la
carne (2 Cor 12: 7-10).
Por causa del
pecado original, una fuerza interna siempre nos
empujará a la dirección errónea. El esfuerzo
continuo es necesario para controlar el
movimiento interno de nuestro ego, y permitir
que la presencia de la gracia tome control de
nuestros pensamientos, deseos y acciones. La
batalla de la vida espiritual es como caminar en
un río, contra la corriente. Si no continuamos
caminando o nos aferramos a una roca, la
corriente nos arrastrará en la dirección opuesta.
La Cuaresma nos brinda una oportunidad excelente
para fortalecernos, para poder seguir caminando
en contra de la corriente.
"En el hombre,
por que es un ser compuesto de espíritu y cuerpo,
existe cierta tensión, tiene lugar una lucha de
tendencias entre el espíritu y la carne. Pero,
en realidad, esta lucha pertenece a la herencia
del pecado. Es una consecuencia de él, y al
mismo tiempo una confirmación. Forma parte de la
experiencia cotidiana del combate espiritual (Catecismo
de la Iglesia Católica 516). |