Primera Plenaria: Católicos y Vida Pública: Nuestra respuesta al desafío de la Nueva Evangelización

 

Dr. Jose Francisco Serrano





Dr. José Francisco Serrano Oceja
Profesor Titular Acreditado de Periodismo en la Universidad CEU-San Pablo, España

¿Dónde se encuentra hoy, en el tercer milenio, la conciencia cristiana, después de que la parábola de las utopías ideológicas de la modernidad ha desembocado en la condición de desencanto y de crisis de la llamada post-modernidad? ¿Está triste la Iglesia? ¿Incide la propuesta cristiana en la realidad o vivimos en el espejismo de los deseos insatisfechos?

La indiferencia, la falta de pasión por la verdad y el sentido último que ella puede dar a la vida, parece constituir la verdadera debilidad de la conciencia social en la llamada época post-moderna : si la razón adulta e iluminada de la modernidad pretendía explicarlo todo, la post-modernidad, nacida de la crisis de los modelos ideológicos como consecuencia de la violencia que ellos mismos habían producido, se presenta sobre todo como tiempo que se sitúa más allá de la totalidad luminosa de la ideología, tiempo post-ideológico o del prolongado adiós, estación de renuncia y de declive respecto de las presunciones totalizadoras de la idea. Allí donde para la razón adulta todo tenía sentido, para el pensamiento débil de la condición post-moderna ya nada parece tener sentido. Es tiempo de naufragio y de caída. Nos estamos jugando al hombre, un hombre,  por primera vez, íntegra y plenamente problemático.

La Nueva Evangelización jamás deberá ser un celebrar la gloria de Dios al precio de la muerte del hombre, ni tampoco un celebrar la gloria del hombre al precio de la muerte de Dios: la Evangelización Nueva se llevará a término allí donde sea realizada la alianza de amor entre el Dios vivo y los hombres, prometida y actuada en Jesús, Señor y Cristo. Viene entonces a perfilarse una lista de prioridades, una especie de decálogo de la nueva evangelización, que, particularmente hoy, se ofrece como desafío a la reflexión y a las opciones no sólo de todo creyente, sino también de las Iglesias y las comunidades eclesiales, comprometidas en el redescubrimiento de sus raíces y en el impulso de una renovada oferta del Evangelio, propuesto como horizonte de sentido y de esperanza, capaz de motivar las razones del vivir y del vivir juntos, y de sostener el compromiso personal y colectivo.