Primera Ponencia: ¿Qué es educar y para qué modelo social educamos?

 
Pedro-pablo-Rosso




Dr. Pedro Pablo Rosso, Presidente
Organización de Universidades Católicas de America
Latina y el Caribe (ODUCAL)
(VER DATOS DEL PONENTE)

En primer término, quisiera agradecer la cordial invitación a participar en este Congreso, dedicado a un tema de tanta importancia para nuestra Iglesia como es la participación de los laicos en la vida pública.

He titulado mi presentación “Educando para la vida pública: la universidad católica como maestra y testigo”, porque quisiera compartir con ustedes una experiencia de participación en la vida pública iniciada por la Pontificia Universidad Católica de Chile durante mi mandato como rector de esa Casa de Estudios, en el período 2000-2010. Se trata de una participación corporativa que nació como respuesta a dos inquietudes.

La primera fue el imperativo de responder institucionalmente, de la mejor manera posible, a las orientaciones contenidas en la Constitución Apostólica Ex corde Ecclesiae, relativas a la misión de servicio de una universidad católica. Permítanme dar lectura al numeral 32 de este documento: “La Universidad Católica, como cualquier otra Universidad, está inmersa en la sociedad humana. Para llevar a cabo su servicio a la Iglesia está llamada -siempre en el ámbito de su competencia- a ser instrumento cada vez más eficaz de progreso cultural tanto para las personas como para la sociedad. Sus actividades de investigación incluirán, por tanto, el estudio de los graves problemas contemporáneos, tales como, la dignidad de la vida humana, la promoción de la justicia para todos, la calidad de vida personal y familiar, la protección de la naturaleza, la búsqueda de la paz y de la estabilidad política, una distribución más equitativa de los recursos del mundo y un nuevo ordenamiento económico y político que sirva mejor a la comunidad humana a nivel nacional e internacional. La investigación universitaria se deberá orientar a estudiar en profundidad las raíces y las causas de los graves problemas de nuestro tiempo, prestando especial atención a sus dimensiones éticas y religiosas”.

Como ustedes han podido apreciar, no hay ambigüedades en lo que plantea este documento: en la medida de sus posibilidades, una universidad católica debe ser “instrumento eficaz de progreso” e involucrarse directamente en el estudio “de los graves problemas contemporáneos”, agregando incluso, para que no haya dudas, una lista de temas prioritarios. Ese texto finaliza con esta recomendación: “Si es necesario, la Universidad Católica deberá tener la valentía de expresar verdades incómodas, verdades que no halagan a la opinión pública, pero que son también necesarias para salvaguardar el bien auténtico de la sociedad”.

Sin duda alguna, el numeral 32 dispone que las universidades católicas se involucren en los asuntos públicos y que “levanten la voz” contra todo aquello que atenta contra el bien común.