Mensaje del Presidente

 "Tengo bien claro que el deber principal de mi vida es ser consciente de que me debo totalmente a Dios y quiero cumplir con este deber de tal modo que no solo mis palabras, sino también todos mis actos, sean signos de un lenguaje que hable de Dios" (palabras de San Hilario apropiadas por Santo Tomás de Aquino en la SCG, I,2)

Excelencia Mons. Józef Wesolowski, Nuncio Apostólico, Excelencia Mons. Félix Lázaro, Gran Canciller de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, Excelentísimos Señores Obispos, estimados sacerdotes, religiosos y religiosas, señores Presidentes y señoras Presidentas, señoras Rectoras y señores Rectores, autoridades académicas, estudiantes, facultativos, personal administrativo, amigas y amigos todos. 

Hace cerca de veinticinco años en este mismo lugar se invistió el VIII Presidente de esta institución, Padre Tosello Giangiacomo, por el Gran Canciller S.E.R. Monseñor Fremiot Torres Oliver.  Expresó el Padre Tosello en aquella ocasión en su mensaje: “ Deseo corresponder al honor conferido, más que agradeciendo, comprometiéndome en alma y corazón para no defraudar esa confianza; para cumplir con esa encomienda que hoy asumo por voluntad de Dios y disposición de la Junta de Síndicos; para responder positivamente al respaldo y a la crítica constructiva de la facultad y del personal administrativo, y colaborar con ellos en la forja del presente y del futuro de nuestra Universidad; para cumplir cabalmente con las esperanzas de los padres que nos confían sus hijos y con las de quienes ven en la Universidad un verdadero crisol.”(1). Recientemente visité a este querido universitario en Orocovis y compartí con él los mismos sentimientos que él expresó de manera tan clara en ocasión de su Investidura. En la conferencia de prensa para anunciar mi nombramiento lo expresé de la siguiente forma: Es un honor y un privilegio asumir la Presidencia de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico…una institución con una tradición de 60 años al servicio de Puerto Rico. Asumo esta posición consciente de la responsabilidad que esta posición conlleva en esta coyuntura de país…por ser una Universidad Católica… por ser una Universidad Pontificia, signo de un más estrecho vinculo con la Iglesia Universal  por la tradición académica y la labor que cumple. Aprenderé de las valiosas experiencias de la comunidad universitaria de la Pontificia Universidad Católica de PR y juntos trabajaremos para hacer realidad la misión que nos corresponde, y mantenernos en la barca que nos lleva a puerto seguro.  Seremos “una comunidad universitaria…de hermanas y hermanos unidos alrededor de un ideal común.” (2).

Esta Universidad es  a la vez respuesta y pregunta.  Por un lado es una respuesta concreta a nuestras necesidades como pueblo en términos de la preparación humana y profesional de nuestros jóvenes.  Pero por otro lado es pregunta constante sobre cómo realizamos nuestro quehacer de pueblo y bajo qué óptica vemos al mundo.  Estamos  insertados en el medio de nuestra sociedad como un mecanismo eficaz que nos ayuda a examinar las raíces de nuestros problemas, la evaluación de nuestras soluciones, y  la dirección que como pueblo aspiramos tener.  Estoy comprometido a mantener una autentica comunidad universitaria y confío  unir esfuerzos y voluntades en esa tarea para apoyar al país a enfrentar los grandes retos que tenemos por delante.  Juntos fomentaremos  el ambiente para que aquellos que se formen en esta universidad por siempre la miren como el Alma Mater, donde en palabras de John Henry Newman la universidad tenga residencia perpetua en su intelecto y en su espíritu.

La Declaración Mundial sobre la Educación  Superior en el Siglo XXI: Visión y Acción aprobados por la Conferencia Mundial sobre la Educación Superior el 9 de octubre de 1998 provee un Marco de Acción Prioritaria para el Cambio y el Desarrollo de la Educación Superior en nuestro hemisferio. En su  Preámbulo se plantea que “En los albores del nuevo siglo, se observan una demanda de educación superior sin precedentes, acompañada de una gran diversificación de la misma, y una mayor toma de conciencia de la importancia fundamental que este tipo de educación reviste para el desarrollo sociocultural y económico y para la construcción del futuro, de cara al cual las nuevas generaciones deberán estar preparadas con nuevas competencias y nuevos conocimientos e ideales.” (3).

Se plantea que “La educación superior se enfrenta en todas partes a desafíos y dificultades relativos a la financiación, la igualdad de condiciones de acceso a los estudios y en el transcurso de los mismos, una mejor capacitación del personal, la formación basada en las competencias, la mejora y conservación de la calidad de la enseñanza, la investigación y los servicios, la pertinencia de los planes de estudios, las posibilidades de empleo de los diplomados, el establecimiento de acuerdos de cooperación eficaces y la igualdad de acceso a los beneficios que reporta la cooperación internacional. La educación superior debe hacer frente a la vez a los retos que suponen las nuevas oportunidades que abren las tecnologías, que mejoran la manera de producir, organizar, difundir y controlar el saber y de acceder al mismo. Deberá garantizarse un acceso equitativo a estas tecnologías en todos los niveles de los sistemas de enseñanza.”

Transcurridos diez años de esta declaración, en nuestro hemisferio y en Puerto Rico vemos desarrollos importantes en estas siete áreas estratégicas en la educación superior. Al finalizar estas seis décadas vemos que hemos hecho importantes avances. Al iniciar este nuevo tramo de la jornada de nuestra universidad nos volvemos a  preguntar: ¿Cuál es la misión de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico en el entorno cercano de Puerto Rico y ancho de nuestra región latinoamericana? ¿Qué podemos aportar específicamente desde nuestro carisma a realizar estos deseos de una excelente  educación? ¿Qué anhelos tienen los que vienen a estudiar, trabajar y colaborar en nuestra universidad? ¿Qué rumbos lleva esta barca en la ruta hacia un puerto seguro?

Hoy en este hermoso templo en honor a Santa María Reina nos hemos reunido amigas y amigos de la educación, que con su presencia reiteran su compromiso con la educación de nuestra sociedad. Agradezco profundamente que estén aquí. Hemos venido porque estamos convencidos que como dijo San José de Calasanz “la sociedad se transformará si dedica sus esfuerzos a la educación….La buena educación de los jóvenes es ciertamente el mejor oficio, el más digno y más noble, el que tiene más mérito, el que más ayuda, el más necesario, el más natural, el más razonable, el más grato, el más atractivo, el más glorioso.” Creemos que la educación “es un medio eficacísimo para evitar y atajar el mal, y para animar el bien… Y esto mediante la cultura y la fe, los valores y los compromisos”.

En una visita a la Pontificia Universidad Católica de Chile en 1987 el Papa Juan Pablo II le hizo una invitación a esta importante universidad de nuestro hemisferio  en un llamado con cinco puntos. Les propongo que tomemos hoy este llamado como una invitación a nuestra institución. Invitó el Papa a “proseguir en la consecución de los objetivos propios de una universidad católica: calidad, competencia científica y profesional; investigación de la verdad al servicio de todos; formación de las personas en un clima de concepción integral del ser humano… (y)… participación en la misión de la Iglesia a favor de la cultura”. (4). Este llamado se concretaba en un “renovado esfuerzo en su trayectoria de servicio al hombre y a la sociedad”. Este servicio decía Juan Pablo II debía estar fundamentado en los siguientes principios  “la identidad de la fe sin adulteraciones, la apertura generosa a cuantas fuentes exteriores de conocimiento puedan enriquecerla y el discernimiento critico de esas fuentes conforme a aquella identidad”.

Este servicio a las mujeres y hombres con rostros y vidas concretas exige una “cultura de la solidaridad” donde se ensanche y consolide “una corriente de solidaridad que contribuya a asegurar el bien común: el pan, el techo, la salud, la dignidad, el respeto a todos los habitantes… prestando oído a las necesidades de los que sufren.” Realizar este servicio en una universidad católica requiere “creatividad e irradiación del saber”. 

En la Introducción a  la Constitución Apostólica del Sumo Pontífice Juan Pablo II sobre las Universidades Católicas se plantea “Nacida del corazón de la Iglesia, la Universidad Católica se inserta en el curso de la tradición que remonta al origen mismo de la Universidad como institución, y se ha revelado siempre como un centro incomparable de creatividad y de irradiación del saber para el bien de la humanidad. Por su vocación… se consagra a la investigación, a la enseñanza y a la formación de los estudiantes, libremente reunidos con sus maestros animados todos por el mismo amor del saber. Ella comparte con todas las demás Universidades aquel “gozo de la verdad” tan caro a San Agustín, el gozo de buscar la verdad, de descubrirla y de comunicarla en todos los campos del conocimiento. Su tarea privilegiada es la de «unificar existencialmente en el trabajo intelectual dos órdenes de realidades que muy a menudo se tiende a oponer como si fuesen antitéticas: la búsqueda de la verdad y la certeza de conocer ya la fuente de la verdad»” (5).

Más adelante en la Introducción se destaca “Es un honor y una responsabilidad de la Universidad Católica consagrarse sin reservas a la causa de la verdad. Es ésta su manera de servir, al mismo tiempo, a la dignidad del hombre y a la causa de la Iglesia, que tiene «la íntima convicción de que la verdad es su verdadera aliada... y que el saber y la razón son fieles servidores de la fe». Sin descuidar en modo alguno la adquisición de conocimientos útiles, la Universidad Católica se distingue por su libre búsqueda de toda la verdad acerca de la naturaleza, del hombre y de Dios. Nuestra época, en efecto, tiene necesidad urgente de esta forma de servicio desinteresado que es el de proclamar el sentido de la verdad, valor fundamental sin el cual desaparecen la libertad, la justicia y la dignidad del hombre. Por una especie de humanismo universal la Universidad Católica se dedica por entero a la búsqueda de todos los aspectos de la verdad en sus relaciones esenciales con la Verdad suprema, que es Dios. Por lo cual, ella, sin temor alguno, antes bien con entusiasmo trabaja en todos los campos del saber, consciente de ser precedida por Aquel que es «Camino, Verdad y Vida»,… cuyo Espíritu de inteligencia y de amor da a la persona humana la capacidad de encontrar con su inteligencia la realidad última que es su principio y su fin, y es el único capaz de dar en plenitud aquella Sabiduría, sin la cual el futuro del mundo estaría en peligro.” Joseph Ratzinger, hoy el Papa Benedicto XVI, lo expresó de la siguiente forma en 1988 “Tenemos que mantenernos en busca de lo que es más grande y tenemos que ayudar, a los que se esfuerzan por elevarse, a encontrar la verdadera luz, sin la cual todo es tiniebla en este mundo”. (6)

La Iglesia Católica celebra hoy, 28 de enero, la festividad de Santo Tomás de Aquino, uno de los grandes filósofos teólogos de la Iglesia y patrono de las universidades católicas. En la encíclica Fe y Razón Juan Pablo II nos propone a Santo Tomás  como "auténtico modelo para cuantos buscan la verdad". (7)  Sobre el fin de la educación nos dice Santo Tomás  "Todas las ciencias y artes se ordenan a algo uno, esto es, la perfección del hombre que es su felicidad.”Esta aseveración nos propone una respuesta al problema de la crisis de la educación. La educación se erige para que el ser humano “pueda vivir en él y alcanzar su plenitud como hombre”. “El saber no es erudición, no es poder, no es un título, no es consumo de información. El saber es vida, y vida que satisface las aspiraciones más profundas del alma. La existencia humana se vuelve entonces vía.” Para Santo Tomás hay que progresar en el hábito obrante del bien. Esta es la ruta para que la barca nos lleve a puerto seguro.

El Dr. Andrés Rodríguez Rubio lo expuso en la Lección Magistral que tuvimos ayer sobre su libro “Estética de la Juventud…construcción de uno mismo” de la siguiente forma: “La buena educación contribuye a la formación del carácter, establece el medio propicio para un buen desarrollo personal, presenta, o debe presentar, modelos que motivan o contagian con el ejemplo a la juventud dispuesta a crecer y desarrollarse moralmente.” Esta lectura de Rodríguez Rubio hace eco en Santo Tomás quien nos dejó ver “cuál es el fin último de toda la vida humana y del saber que la alimenta: la felicidad, que debemos entender como plenitud en la naturaleza humana.” (8) "Debemos ser tal cual Dios nos hizo".

Finalizo este mensaje recordando a San Pablo de la Cruz: “Feliz el alma que reposa en el seno de Dios, sin pensar en el porvenir, sino que se esfuerza por vivir en el momento presente sin otra ilusión que la de hacer bien su santísima voluntad en todo suceso, cumpliéndola fielmente en sus deberes de estado. La voluntad de Dios no puede querer para el hombre sino lo mejor. Permanezca en gozosa confianza en Dios. Encomiéndese totalmente a Él: es un Padre amoroso, que antes permitirá que sucumban el cielo y la tierra, que una sola alma que confía en Él. El que mira sólo el consuelo pierde de vista al gran Dios de los consuelos. Agárrese fuertemente a ese leño, a la Cruz. De ese modo, nunca naufragará. Llegará con toda seguridad al puerto de la salvación.”

Hoy 28 de enero, celebración grande de la vida de  Santo Tomas de Aquino, patrono de las Universidades Católicas, con toda la confianza puesta en Nuestro Señor Jesucristo, mi esposa Angie Hernández y yo hemos suplicado a Dios Padre que  podamos cumplir con esta nueva misión que asumimos. Nos anima la amorosa protección de la Santísima Virgen María Virgen de la Providencia y Virgen de la Guadalupe, nuestra madre,  a quien encomendamos la barca que nos lleva a puerto seguro… A la Mayor Gloria de Dios.

Jorge Iván Vélez Arocho
Presidente PUCPR

 

Notas:

1.   Discurso de aceptación de cargo, Rev. P. Tosello Giangiacomo, C.S.Sp. durante toma de posesión como octavo Presidente de la Universidad Católica de Puerto Rico, 28 de marzo de 1985.

2.   Rosso, Pedro Pablo, Rector de la Pontificia Universidad Católica de Chile, 14 de marzo de 2007.

3.   Declaración Mundial sobre la Educación  Superior en el Siglo XXI: Visión y Acción aprobados por la Conferencia Mundial sobre la Educación Superior, 9 de octubre de 1998.   

4.   Juan Pablo II, Discurso al Mundo de la Cultura y Constructores de la Sociedad, Casa Central de la Pontificia Universidad Católica de Chile, 3 de abril de 1987.

5.   Juan Pablo II, Constitución Apostólica sobre la Universidades Católicas, 15 de agosto de 1990

6.   Ratzinger, Joseph, Conferencia de Prensa, Chile 1988.

7.   Juan Pablo II, Encíclica Fe y Razón, 1998.

8.   Rodríguez Rubio, Andrés, Estética de la Juventud, Edicions Bellatera, 2008.       

 

 

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05/25/2010