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LIBERTAD Y MILITANCIA HEROICA EN LA PROSA DE FRANCISCO MATOS PAOLI Prof. Ada Hilda Martínez de Alicea Dept. Estudios Hispánicos, PUCPR |
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Francisco Matos Paoli, en sus escritos en prosa, tomó en cuenta la máxima
leninista de que sin teoría revolucionaria no era posible la revolución. De ahí que no dejara de subrayar la
importancia que tiene el desarrollo de una doctrina de la lucha de
independencia que guíe los esfuerzos emancipadores. Su doctrina es la doctrina albizuísta. La patria libre Como discípulo de Albizu Campos, continúa exhortando a los
puertorriqueños a luchar con valor y sacrificio por la reconquista del derecho
que tenemos todos al usufructo de la Paz.
Dice: Los que se parapetan en la mampara del miedo y se excusan a sí mismos en
un apaciguamiento fraudulento, son los que luego propician la tal llamada Pax
Americana, introducida aquí en nuestro suelo invadido por un poder militar
extranjero que desea liquidar el derecho a la nacionalidad so pretexto de una
ciudadanía yanqui que no corresponde al pulcro sentido de nuestra devoción a
los valores morales y espirituales...[1] Hace décadas de la conversión del Proyecto Jones en la Carta Orgánica de
Puerto Rico. Las mínimas reformas
políticas otorgadas al pueblo puertorriqueño se concedieron a cambio de la
imposición de la ciudadanía americana y en contra de la voluntad expresa de los
puertorriqueños que han defendido un ideal.
Quienes han rechazado la imposición, como Matos Paoli, y los nacionalistas,
no han estado dispuestos a vender su primogenitura. Así lo atestigua el escritor: No estamos en venta, Señores del Becerro de oro yanqui, seguiremos
siendo “brilliant fools” porque el decoro de nuestra Patria Libre no habrá de
entronizar la huella de Esaú que siempre vende su Primogenitura Espiritual por
un mero plato de lentejas.[2] Matos Paoli hace, pues, un llamado a que se respeten los representantes
del nacionalismo puertorriqueño. En el
lenguaje oficial se designa a los nacionalistas como “separatistas” y
“subversivos”. “Subversivo” se llama a
aquél que subvierte el orden; pero, para que esto sea válido, ha de fundarse en
la verdad, la equidad, la libertad y la justicia. Esta acusación anodina -dice Matos Paoli- “parte de los yanquis
que se han dedicado a robar nuestra tierra, a escatimar nuestro pan, a
esclavizarnos en nombre de una supuesta Libertad o Democracia”[3]. Como en otros tantos artículos, apunta lo
difícil y compleja que es la lucha por la independencia. Conoce bien el imperio y está consciente de
lo que es capaz la política imperialista para reprimir cualquier reto; está
consciente, además, de las condiciones tan desfavorables en que se tienen que
batir los puertorriqueños. Cree en lo que postula; por eso su admonición a quienes se lancen a
defender la patria; les recuerda que es una consagración de vida. Albizu Campos definía la patria como “valor
y sacrificio”: éste era el compromiso
que Albizu le otorgaba a la independencia.
Asimismo, para la salvación nacional, Matos Paoli propone buscarla en el
pensamiento bien dirigido y bien orientado, insuflado de emoción, de serenidad[4]. Tanto el valor como el sacrificio, y el
pensamiento bien dirigido no eran solo necesarios para el combate; sino también
atributos imprescindibles para enfrentarse con las múltiples formas en que en
una colonia hay que enfrentar el poder colonial. Por la “insolencia armamentista” que se concentra en el suelo patrio sin
la autorización expresa de los puertorriqueños, Matos Paoli señala enérgicamente
que la paz del pueblo está en peligro de muerte. La Marina de Estados Unidos, según un despacho de prensa fechado
el 23 de julio de 1958, se propone establecer una base de adiestramiento para
su flota, hasta culminar en el disparo del proyector supersónico Regulus desde
la base aeronaval de Roosevelt Roads.[5] Para Matos Paoli, Estados Unidos pretende violentar la idiosincrasia
pacífica del pueblo y convertirlo en agresor y propagandista de guerra. Reclama -y con razón- el derecho a la inviolabilidad
del territorio patrio y al disfrute de la paz.
Como en otros escritos, le exige a Estados Unidos retirar su gobierno de intervención y
reconocer la soberanía de los puertorriqueños mediante la independencia
política, social y económica. Hace falta “politizar” a las masas campesinas y obreras y educarlas para
que se consoliden con el fin de hacer frente a la destrucción de la
nacionalidad[6]. Dice lo que han dicho otros pensadores y
hombres de acción, como José de Diego, Pachín Marín, Mari Bras, en lo que
respecta no sólo a liberar al país políticamente, sino, también,
económicamente. Esta meta cardinal
aspira a conseguir “la depuración de nuestra nacionalidad en consorcio con los
demás pueblos libres del mundo”[7]. Así increpa: Basta ya de cárcel colonial, de terrorismo oficial, de manipulaciones
capitalistas que justifican la muerte por inanición y el cretinismo de nuestras
mejores fuerzas puertorriqueñas. Debemos ir al rescate de nuestras tierras, combatir denodadamente el
latifundio explotador, desmovilizar el absentismo de las inversiones yanquis
que sólo persigue crear un cementerio económico en Puerto Rico para que el
verdadero pueblo no sepa usufructuar el patrimonio nacional a que es acreedor.[8] El Grito de
Jayuya de 1950 El artículo “El Grito de Jayuya de 1950"[9] es
una especie de crónica, en la que el autor nos va poniendo al tanto de los
hechos, escenarios y héroes que intervinieron en la gesta de 1950. Jayuya ocupa esta vez el centro de atención. Al igual que Lares, Jayuya “se reúne en la
gloria más plenificadora”[10]. Es en este lugar donde “se reconcentró el
mayor despliegue de militancia heroica”[11]. Uno de los momentos culminantes de la
insurrección nacionalista ocurre el 30 de octubre cuando el Ejército Libertador
del Partido Nacionalista proclama la república de Puerto Rico en abierto
desafío al régimen estadounidense. La “transfiguración heroica” ocurrida en Jayuya había comenzado antes en
el Barrio Macaná de Peñuelas, en Utuado y en el Cuartel de la Policía en
Arecibo. Como una cámara de vídeo,
Matos Paoli va acercando el lente a quienes participaron en la lucha: Blanca Canales, Elio Torresola, Carlos
Irizarry y Mario Irizarry. Carlos
Irizarry estaba al mando del Ejército Libertador. Él, Elio Torresola y Blanca Canales eran los principales
dirigentes del grupo de nacionalistas que ocuparon el pueblo y declararon la
República de Puerto Rico: Tres días estuvo Jayuya en manos de los insurrectos. Se quemaron varios establecimientos públicos
representativos del orden colonial. La
bandera de Puerto Rico ondeó en ese fuego de incandescencia inmortal.[12] Jayuya se transfigura por el fulgor de la sangre. El poeta alza su voz para entonar su
alabanza: “Desde Los Tres Picachos,
venía una señal bienandante de gozo en la sangre derramada”[13]. Hay reminiscencias de Lorca; no obstante, en el poema lorquiano, Ignacio
no quiere ver “la sangre derramada”.
Llama en su auxilio a la luna pálida -diosa de la noche-, para que
amortigüe con su luz aquel rojo intenso, y busca refugio bajo las flores, para
dejar sentir las quemaduras de la sangre.
La sangre es muerte. Matos Paoli
ve la sangre como una “señal bienandante”; la sangre es vida; es libertad: “Era
tanta la consagración a la libertad que el aire estallaba en gritos de
Independencia Patria”[14]. Podemos percibir la huella que su fuerte conciencia histórica religiosa
deja en sus escritos políticos en prosa.
El autor, que no se sustrae al hecho de ser poeta, no cuenta en términos
reales lo que sucede en el pueblo de Jayuya hacia ese entonces; sino que
transfigura en símbolos la realidad. Su
prosa es auténtica poesía. En este
escrito de tema histórico-político, hay cabida para la metáfora, el símil, la
personificación, y los símbolos. Las
frases “transfiguración heroica”, “señal bienandante”, “sol glorioso”,
“consagración”, “impacto espiritual”, “sacrificio”, “inmolado en la gracia”,
“simiente de Dios”, “raíz de paloma brava”, “dación sacrificial”, “Altar de la
Patria”, “combustión sacrosanta” se refieren a la libertad humana y a la del
espíritu. En el artículo, el autor encarece la figura de Blanca Canales. Si atendemos al hecho histórico, no fue ella
quien estuvo al mando en Jayuya, sino Carlos Irizarry[15]. El y Elio Torresola organizaron la
insurrección. Así dice Torresola: La toma de Jayuya la organizamos Carlos Irizarry y yo. Planeamos cómo distribuir los hombres que
teníamos, cómo situarlos para tomar el cuartel de la policía y, en la
eventualidad de que hubiera el factor sorpresa, Carlos iba a subir, ya que el
cuartel estaba en el segundo piso.[16] Fue de la casa de Blanca Canales en Coabey de donde salieron los
revolucionarios a la toma de Jayuya. De
ahí la mención que hace Matos Paoli de “la casa solariega de Blanca Canales”. Aunque Pedro Albizu Campos no participó directamente, fue él la
inspiración. Así, pues, otros héroes
participaron en diferentes puntos de la Isla y en el exterior, como Raimundo
Díaz Pacheco, quien cayó frente al Palacio de Santa Catalina; Griselio Torresola
y Lolita Lebrón. Estos dos últimos
atacaron hacia la misma fecha la Casa Blair en Washington D. C. -residencia
temporera del presidente de los Estados Unidos, Harry Truman-. A todos ellos reconoce Matos Paoli: Los héroes nos sostienen en su combustión sacrosanta, en su dimensión
perfecta. Aprendemos de ellos el valor
frente al despotismo.[17] Finaliza el recorrido. En la
primera línea nos había dicho “la transfiguración heroica empieza en el Barrio
Macaná”; ahora, en el último párrafo nos dice: Ahora estamos en la cumbre de Los Tres Picachos. Pasa por esa cumbre la heroína Blanca
Canales. En dación y espíritu recibimos
la Gesta que ella incendió como el signo de la historia que nos devela siempre.[18] A nuestro juicio es éste uno de los escritos en prosa más hermosos y
poéticos. Hemos visto cuán arraigado
está en su convicción de que la transfiguración ocurre cuando el pueblo es
libre. Tiene la esperanza de que esto
ocurra; los héroes y los hechos históricos del pasado le darán el aliento. Los héroes y los mártires constituyen el ejemplo modélico en la
historia de una nación. La historia, a
partir de una clara conciencia nacional conforma una de las más ricas fuentes
de recreación literaria de Francisco Matos Paoli. En esa historia se trazan sucesos denotantes del proceso social,
económico y político que, para el Poeta, adquieren dimensiones simbólicas, como
la gesta del 30 de octubre: ...en las montañas altivas de Jayuya unos cuantos héroes izaron el
pabellón de la Estrella Solitaria como resurgimiento de nuestra más fecunda
esperanza, como transfiguración de nuestros más excelsas virtudes nacionales.[19] Muchos de los hombres del 50 murieron “para renacer en el vislumbre de
la fe más pura en la energía viril de los consagrados por la historia”; otros
están en las cárceles. La situación de Puerto Rico bajo el régimen norteamericano se opone a
los designios de la Providencia Divina, que es quien “echa a andar el devenir
histórico”. Al oponerse, lesiona la
esencia espiritual, libre y religiosa del país. De su parte, en el decir de Matos Paoli, los hombres del '50
salvan a Puerto Rico de la esclavitud política y, mientras existan seres de
este calibre espiritual, el imperialismo yanqui no podrá absorber al pueblo
puertorriqueño. La liberación A partir de la década del noventa, Matos Paoli comienza a publicar una
serie de artículos en El Nacionalismo, con el propósito de definir el
concepto de la nacionalidad. Toca los
temas de la patria libre, la cultura, la contracultura, el
“cripto-independentismo de tipo anexionista”, el colonizado, y las falsas
crisis de nuestra conciencia nacional. Cuando se habla de justicia no sólo nos referimos a la justicia
contenida en los códigos y en el derecho romano, sino también a la que se basa en
la conciencia humana, la justicia fundada en la conciencia de cada hombre y que
sólo se puede expresar en el término “igualdad”. Es la justicia lo que le exige al poeta que asuma la defensa de
los intereses del pueblo y reclame su emancipación económica y social al mismo
tiempo que la libertad política. Así se expresa Matos Paoli: Mi lucha es diáfana, por la independencia de Puerto Rico y por
incorporar a mi Puerto Rico al conglomerado de los pueblos libres de la
tierra. He sido un poeta de raigambre
mística, lo cual me ha traído desavenencias con poetas materialistas e
incrédulos. No rehúyo la contienda
política. El objetivo supremo de mi
vida es constituir a Puerto Rico en una patria soberana e independiente. Mi libro Luz de los héroes así
lo reconoce paladinamente.[20] Afirma haber escrito “otros libros de afluencia comprometida con la
realidad, con el anhelo básico de libertad”[21]. Se refiere a La marea sube, La
semilla encendida, Unción de la tierra y Jardín
vedado[22].
Figuras relacionadas
con el ideal de liberación 1. Doris
Torresola Es importante señalar el caso muy específico del recuerdo que el poeta
conserva de Doris Torresola, hermana de Griselio (afiliado al Partido
Nacionalista). Veamos el juicio que
Matos Paoli ofrece sobre ella, prueba de su simpatía por la revolucionaria: Yo conocí a Doris Torresola como una de las ofrendadoras de la
militancia en la virtud suprema de la Independencia.[23] Doris Torresola busca escape bajo la inmolación de las llamas. Matos Paoli justifica su trágico fin al
señalar que ella fue víctima del desequilibrio político del País. Esta mujer había acompañado a Albizu Campos
en ocasión en que la Policía y la Guardia Nacional sitiaron la casa del líder. Dice Matos Paoli: Junto al Maestro, dio ejemplo de dadivosa dedicación a la Patria. Puso todo su entendimiento y su fuerza en
subvertir el orden colonial creado por el yanqui. Su obra está ahí:
límpida, aguerrida, bienandante.
Nadie puede ensombrecer su vida heroica, so pena de traicionar la
gratitud que se debe a las grandes figuras de la patria.[24]
Doris Torresola fue herida por un disparo hecho desde una azotea, a
juzgar por la trayectoria de la bala.
Al finalizar el tiroteo, la condujeron al hospital en el auto de Astol
Calero, sargento de la Detective, quien a su vez la acusó, junto a sus
acompañantes, de “ataque por cometer asesinato”[25]. Para Matos Paoli, aun en el sacrificio de
Doris Torresola se encuentra la virtud de auparse todos los luchadores; y de no
dar “cuartel al tirano”[26]. Esta nacionalista, en el decir del poeta, es
“simiente de Dios”[27]. 2. Ramón Medina
Ramírez Matos Paoli siente respeto y admiración por los varones ilustres; por
aquéllos que han dejado huella imborrable en el devenir de los pueblos. Ramón Medina Ramírez, por su heroísmo, es
uno de ellos. Este culto al hombre nace
de su fe en el ideal que por años ha proclamado. Medina Ramírez es, como dice, “la figura central del
Nacionalismo”[28]. Su nacionalismo es defensa de los valores
patrios, cuya salvación se logra con la emancipación del País y la expulsión de
los intereses imperialistas. Es ésta la
misma posición que asume Pedro Albizu Campos. Medina Ramírez es el autor de El movimiento libertador en la
historia de Puerto Rico[29],
cuya finalidad según el propio autor es “hurgar en la misma raíz de nuestra
historia libertaria...”[30] Al conmemorar el natalicio del patriota,
quien nació el 2 de marzo de 1892, Matos Paoli escribe el prólogo al referido
libro. En éste, exalta a Ramón Medina
Ramírez, por ser una de las figuras centrales de la lucha libertaria, por su
amor por la independencia, por no transigir con las medias tintas, por ser de
pensamiento radical, de avanzada; por dedicar su vida fructífera a combatir la
política imperialista de Estados Unidos en Puerto Rico, por amar la libertad y
por no transigir con el despotismo[31]. Ve como mayor virtud la fidelidad a los
principios revolucionarios. Fue, según
Matos Paoli, uno de los propiciadores de la Revolución Nacionalista de 1950. Lo describe como una persona de carácter
“jovial, alegre, espontáneo”, que podría resolver conflictos dentro de su
propio partido por “su pericia como fino diplomático”. Es él quien sustituye a Pedro Albizu Campos
en la dirección del Partido, cuando a este último lo llevan a prisión a
Atlanta. Como presidente interino, ...hizo una gran labor de compenetración patria, aunó las huestes
dispersas, le dio al movimiento una seguridad plena de reivindicación nacional[32]. Según Matos Paoli, Medina Ramírez era un patriota de gran entusiasmo, y
una especie de apóstol. Nos parece un
elogio justo; las palabras del Poeta están llenas de profunda admiración por el
heroísmo del hombre que dedicó toda su vida adulta a la lucha de independencia. 3. Lolita Lebrón Entre Matos Paoli
y Lolita Lebrón hay muchos elementos afines:
son coetáneos -él nació en 1915; ella, cuatro años más tarde-; son
lareños -“vástagos de la montaña donde repercutió por primera vez el Grito de
nuestra Independencia el 23 de septiembre de 1868"[33]-;
son poetas -la belleza de la lengua materna los “mancomuna en el cariño, en la
salvación de la raza espiritual”[34]-;
son religiosos -ambos se sostienen “en la crucifixión de Cristo”[35]-;
y de estirpe humilde -“criados en el hogar de la pobreza”[36]. No obstante, lo que más los une es “la
mística huella del Nacionalismo” que ambos “han captado en las pisadas insignes
del Maestro, Pedro Albizu Campos”[37]. Luchan los dos por un mundo armonioso,
lacerado por el Imperialismo. A pesar
de todas las afinidades, el Poeta dice no poder compararse a ella: Ella está inmersa en lo más santo de Dios. Ella ha conocido el espíritu de la Libertad como nadie. Ella ha combatido con denuedo y fiel
entusiasmo al tirano que nos enajena.
Su alma de patriota inmortal es conocida en todo el mundo. Nació en Lares, una aldea. Pero, en consonancia con Cristo, hoy
pertenece al universo todo[38]. La importancia de Lolita Lebrón en el panorama patriótico es cónsona con
la de Blanca Canales y Mariana Bracetti.
Es una mujer consagrada que merece estar en libertad, como una ofrenda a
“la sublimidad de la gesta épica del Nacionalismo Puertorriqueño”[39]. Francisco Matos Paoli prologa Sándalo en la celda, de
Lolita Lebrón; un libro de versos escritos en la cárcel mientras ella cumplía
sentencia por el Asalto al Congreso.
Aunque se repiten algunos planteamientos que aparecen en “Semblanza de
Lolita Lebrón”, este prólogo es harto más poético. La prosa del Poeta se hace cónsona con el ritmo armonioso de
verso de Lolita Lebrón. Al examinar la
poesía de la revolucionaria, Matos Paoli apunta que el verso fluye
espontáneamente, y, sobre todo, le atribuye entusiasmo, alegría y
naturalidad. Veamos: “la poesía de esta mujer de la serranía
posee una resonancia de salmo colmado de titilación celestial”[40]. Es ella el ejemplo de una vida heroica -como
la de Juana de Arco-, consagrada al bienestar de los pueblos que luchan por su
libertad. 4. Humberto Pagán En marzo de 1971 la Universidad de Puerto Rico se convierte en un
escenario de lucha, cuando la Fuerza de Choque irrumpe en el Recinto y genera
una represión contra los estudiantes identificados con la independencia. En un encuentro, asesinan a dos policías,
por cuyas muertes acusan a dos jóvenes.
Uno de ellos es Humberto Pagán Hernández. Se dice que se le fabricó un caso. El gobierno insular lo deporta a Ottawa, Canadá, desde donde
escribe poemas testimoniales. Un grupo de puertorriqueños -campesinos, estudiantes e intelectuales-
reacciona a la situación de Humberto Pagán.
El artículo “Poemas testimoniales desde la cárcel” es la contribución
que hace Matos Paoli y que se publica en Desde la cárcel,[41]
libro que recoge, asimismo, artículos de otros colaboradores, y parte de la
producción poética de Pagán. Matos
Paoli destaca más a la figura del hombre, que a la del poeta; lo ve como
“luchador”, “sacrificado”, como “representante del patriotismo más
auténtico”. Como poeta, sus versos “un
poco mal hilvanados” trasuntan a César Vallejo, a Lorca, a Pachín Marín y a
Pablo Neruda. Sólo quiere comunicar su
drama hiriente sin importarle mucho el oficio de poeta. Como hombre, “siente toda la brutalidad del
destino volcarse sobre sus venas abiertas a la población sacrificial”. Hace falta ampliar los horizontes de su
combatividad; que se conozca en los países de América Latina, hermanados al
sufrimiento de Puerto Rico. La aceptación del dolor como un medio de purificación y la esperanza
sobrenatural imprimen al estilo vital y al literario la quietud profunda y sosegada
de quien da su todo “por la patria esclava que aspira a su liberación
definitiva”[42]. 5. José de Diego En el aniversario del poeta José de Diego, celebrado el 16 de abril,
Matos Paoli publica un artículo en una hoja suelta del Partido Nacionalista, y
que tituló: “Ante la presencia de José
de Diego”[43]. Se adivina una estructura dual: la primera parte corresponde a destacar la
figura del “apóstol”, a quien se debe honrar por su prestancia en defensa del
ideal de independencia. El patriotismo,
el culto a la libertad, el valor y la poesía puesta al servicio y a la defensa
de la patria son las cualidades que mayormente estima. Alude a la última voluntad de de Diego en el
soneto “Última actio” -especie de testamento político-, tras evocar el “verde
escudo”, de España como símbolo del Cordero.
Desea que al morir se envuelva su cuerpo con la bandera de Puerto Rico.
De Diego “está ojo avizor”; sabe que tras su muerte se desatará la militancia
heroica para erradicar el coloniaje. La segunda parte del escrito sirve para manifestar el valor del pueblo
puertorriqueño, “único país del mundo donde se predica la paz murada del
cementerio con impunidad y alevosía”[44]. No son los héroes ni los mártires los
violentos, sino los que disfrazan la esclavitud política bajo el velo de la
democracia; son los “traficantes de guerra imperialista”. Así los llama Matos Paoli. 6. Ramón Emeterio
Betances Una de las páginas en prosa más bonitas es la que Matos Paoli escribe en
honor a Betances. La referencia a las
cualidades del prócer se dan desde la oración inicial del párrafo: “En el amanecer de la patria tu nombre
es: Padre”. A renglón seguido le atribuye a Betances cualidades de una flor:
aroma, polen, corola, frutecer. El
aroma sobre quienes lo siguieron en el ideal vuelve “para derivar el polen
primero de la consagración de la tierra”; “para frutecer en la huella
antillana, en la gran unidad madrepórica de tu flor en el exilio”[45]. La pureza lírica se contamina muchas veces en su obra con preocupaciones
políticas, morales y sociales; aquí es a la inversa: Betances, “el Padre de la Patria” sirve de apoyo para estructurar
una de las páginas poéticas más originales.
Propende a la fuerza expresiva, comunica gusto musical, aprovecha la
gama de imágenes sensoriales: bella
conjunción de elementos propios del lenguaje poético. Algunas de las imágenes son:
“el aroma que esparciste”, “mulato de eternidad”, “Haz derramar el pan. Para que comamos todos reunidos en el batey
de nuestra genealogía espiritual”, “cien mil coquíes de tu Noche Oscura...”[46] Es prosa mística; mediante la que trata de
plasmar símbolos, como la experiencia de una total unión con el Creador. Betances ha llegado a sentir el arrobamiento
que le produce la presencia divina. Se
trata de una experiencia inefable. La
“noche oscura” tal como la conciben San Juan de la Cruz y el mismo Matos Paoli,
resulta ser un símbolo con una carga
positiva, al suponer la negación de sí mismos antes de realizar la perfecta
unión con la Divinidad. Matos Paoli manifiesta la libertad, la redención patria a través de su
aproximación a Ramón Emeterio Betances.
La plenitud y hondura de ese sentido se manifiesta en el último
párrafo. En él presenta a Betances como
un “transfigurado”, como una visión etérea.
Su actitud podría compararse con la de aquellos justos del Antiguo
Testamento que vivían tan sólo de esperar la llegada del Mesías. Betances encarna el ideal de libertad. Ha muerto; pero la tierra permanecerá con su
Pan “que es el de ser hombre por el Amor y casi Dios por la libertad”[47]. Los que lo siguen en su ideal, una vez
recorrido el mismo camino, serán dignos de ir a él. Las analogías entre el prócer y la flor que vimos en el primer párrafo
se refuerzan: la idea final que quiere
presentarnos Matos Paoli es la de permanencia, de eternidad en el tiempo. Conociendo ya su concepción de la libertad
de su país desde la noción ético-religiosa de redención, podemos entender sus
palabras: “Vuestra sangre ha redimido
al esclavo de Borinquen. ¡Con ella
hagamos otro pan: Para redimir a todos
los esclavos del Universo!”[48] La dimensión de la patria se agranda en la
estatura ejemplar y heroica de Betances. 7. El Che Guevara Dos cualidades destaca Matos Paoli del Che Guevara en el artículo
titulado “Órbita de un guerrillero”[49]: su ascetismo y su compromiso con la
revolución socialista. Es éste el
primer artículo en que el foco de interés es un personaje extranjero. En realidad, lo mueve la intención de
señalar la heroicidad de Guevara, “su templanza de carácter, el don de sobriedad
propiciadora, el fundamento de dación sacrificial a una causa magistral y
suprema”.[50] Ernesto Guevara profesaba ideas de avanzada; fue un hombre dedicado a la
acción incesante; a la guerrilla revolucionaria. De espíritu aventurero el Che recorrió la América con recursos
muy escasos. Fue hombre de pensamiento,
modelo de vida austera y desinteresada.
Murió como Camilo Torres Restrepo y como José Martí, por responder al reclamo
de sus pueblos frente a su más tenaz enemigo:
el imperialismo norteamericano.
Se trata de hombres que lo dieron todo por defender un principio; son
los humanistas de la praxis; los que pretenden ir a la raíz de las cosas: los radicales. Ernesto Guevara creía en la
lucha armada como solución para los pueblos que luchan por liberarse. Sus manuales de guerra lo muestran como un
ser despreocupado y frío. En el momento
de morir lo hizo impasiblemente. La
muerte es para hombres como él una resurrección permanente, equivalente a
traspasar el umbral de la inmortalidad.
Es el tipo de hombre del que hablaba Hegel; el hombre “universal
histórico”; hombre de una dimensión universal que se proyecta en la esfera de
la humanidad. Así lo visualiza Matos
Paoli: Unió en apretada síntesis los dos módulos del ser: la acción y la contemplación, la mente bien
ordenada hacia el servicio del hombre y la actividad guerrillera. De este modo fue un hombre completo, una
personalidad equilibrada entre las dos vertientes de la teoría y la práctica. (...) No se acomodó éxito de su primera
empresa de liquidar el imperialismo yanqui en Cuba. Su mira de guerrillero se levantaba también hacia la liberación
de sus hermanos latinoamericanos.[51] Se consagra definitivamente para la abnegación altruista y, en otras palabras,
su proclividad de hombre luchador sólo se concibe dentro de un radio universal
de empatía hacia los menos afortunados. 8. Ernesto
Cardenal Aparte de José Martí y el Che Guevara son pocos los escritores del
exterior que han llamado la atención de Matos Paoli. Uno de ellos es Ernesto Cardenal, el sacerdote, el político, el
poeta. Reconoce sus logros respecto de la acción insurreccional por Nicaragua,
y su importancia como poeta. La poesía
de Cardenal está comprometida; él mismo decía que “la literatura debe prestar
un servicio”. Su poesía es
“exteriorista”, esto es, objetiva, narrativa y anecdótica[52]. Para expresar la realidad latinoamericana y
llegar al pueblo, esta poesía crea imágenes del mundo exterior, del mundo
específico de la poesía. ¿Qué tienen en común Martí, Guevara, Cardenal y Matos Paoli? Es su compromiso político, de justicia
social. En “Presentación del poeta
Ernesto Cardenal” Matos Paoli encarece la figura del nicaragüense. Lo señala como “místico”, como “creador de
imágenes anchas y fértiles”. Aunque
Cardenal no es esteticista, sí es un “productor de belleza”. En otras palabras, por más poesía
exteriorista, por más poesía política, le imprime dignidad artística: No podríamos negar condición lírica al poeta, por más epicista que sea
la dimensión de su poesía. Sobre todo,
en los epigramas, resalta una ironía, un amor mundano, una certidumbre de la fe
en la sencilla apariencia de la vida.[53] Dice Matos Paoli que “todo poeta auténtico es llamado a la exaltación
visionaria”[54];
de ahí que Cardenal haya puesto su lira al servicio del hombre. Su poesía no es propaganda ni panfleto, ni
realismo socialista. Cardenal, en el
decir de Matos Paoli, “tiene sumo cuidado en añadir al proceso de los años que
pasan una sinceridad instantánea de proverbio esencial”. En cuanto al estilo, dista de la retórica,
del adorno superfluo, de la excesiva metaforización. Matos Paoli reconoce la importancia del cantor de los Salmos. Es Ernesto Cardenal el poeta revolucionario
que canta el anhelo de comunión del universo; el futuro de una sociedad sin
clases donde no haya explotación, sino trato y respeto justo; donde no se dé el
monopolio. En este sentido, Sandino y
Albizu -a quienes Matos Paoli menciona- van de la mano; son “hermanos gemelos
de la libertad” que debe prevalecer en los pueblos de Latinoamérica. El autor de Luz de los héroes aprovecha el momento para
atacar al imperialismo yanqui, por la represión, por el cerco policiaco y por
la Cía. Exhorta a echar del territorio
al invasor. En esencia, lo que nos
quiere decir es que la libertad del pueblo puertorriqueño es la misma de los
países latinoamericanos y, mientras Puerto Rico no se libere, tampoco habrá
libertad en América Latina. Puerto Rico es, a su juicio, una puerta falsa para la libertad de los
países de América. La ambición
imperialista yanqui es adueñarse de todo el continente, a punta de
ametralladora si fuese posible. Por eso
América entera está en peligro. De tal
forma se requeriría una acción solidaria de todos los países para poner fin a
la ocupación de Puerto Rico. Este es en
esencia el mensaje de Matos Paoli. Cuando una empresa no es congruente con la esencia del estilo colectivo, ni guarda armonía con la unidad espiritual de un pueblo, rebota sobre la sensibilidad de quienes promulgan un cambio. Por eso, Puerto Rico siempre ha ofrecido una resistencia instintiva contra ideales, experimentos y formas de vida que están reñidos con la manera de ser puertorriqueña. La postura matospaoliana es que libertad y personalidad son términos inseparables y que el hombre es hombre porque tiene noción y conciencia de la libertad. Cree firmemente que la independencia de Puerto Rico es un acontecimiento indispensable para garantizar la supervivencia de la nacionalidad y, no sólo el derecho de nuestro pueblo, sino la integridad y soberanía de los pueblos latinoamericanos.
[1] "El ser de patria libre", El
Nacionalista de Puerto Rico, marzo de 1991, pág. 1.
[2] Ibid.
[3] Ibid.
[4] “Balance
del patriotismo”, El Nacionalista de Puerto Rico, agosto de 1991, pág.
3.
[5] “La
paz puertorriqueña en peligro de muerte”, La Paz, San Juan, noviembre de
1958, pág. 1.
[6] “El
terror mental en Puerto Rico”, 1964, pág. 1 (mecanografiado).
[7] Ibid., pág 2.
[8] Ibid.
[9] Claridad, 29 de oct. de 1972, pág. 4.
[10] Ibid.
[11] Ibid.
[12] Ibid.
[13] Ibid.
[14] Ibid.
[15] Miñi
Seijo, La insurrección nacionalista en Puerto Rico-1950, Río Piedras, Editorial
Edil, 1989, pág. 121.
[16] Ibid., pág. 122.
[17] F. Matos Paoli, “El Grito de Jayuya”, Claridad,
op. cit., pág. 4.
[18] Ibid.
[19] “El 30 de octubre”, Rebelión, octubre
de 1964, pág. 6
[20] “Prólogo”, Mis primeros versos, op.
cit., pág. xx.
[21] Ibid.
[22] Ibid.
[23] “Presencia de Doris Torresola”, Claridad,
5 de marzo de 1972, pág. 23.
[24] Ibid.
[25] Ibid.
[26] Ibid.
[27] “El Grito de Jayuya de 1950", Claridad,
29 de oct. de 1972, pág. 4.
[28] “Ramón Medina Ramírez: figura central del Nacionalismo”, Claridad,
7 de marzo de 1972, pág. 14.
[29] San
Juan, Imprenta Nacional, 1950.
[30] Ibid., pág. 8.
[31] Ibid.
[32] Ibid.
[33] “Semblanza de Lolita Lebrón”,
mecanografiado, pág. 1.
[34] Ibid., pág. 2.
[35] Ibid., pág. 3.
[36] Ibid.
[37] Ibid., pág. 2.
[38] Ibid., pág. 4.
[39] Ibid., pág. 5.
[40] L. Lebrón, Sándalo en la celda,
Cataño, Editorial Betances, 1976.
[41] Río Piedras, Ediciones Puerto, 1973.
[42] Pág. 73.
[43] 12 de abril de 1970.
[44] Ibid.
[45] [Pág. 1].
[46] Ibid.
[47] Pág. 2.
[48] Ibid.
[49] Claridad, 10 de octubre, ‘71, pág.
22.
[50] Ibid.
[51] Ibid.
[52] Poesía nueva de Nicaragua, Selección
y prólogo de Ernesto Cardenal, Lohlé, Buenos Aires, 1974, págs. 9-11.
[53] Pág. 5.
[54] Ibid. |
| Publicado en el Internet: 6 de septiembre de 2004. |
| Concepto y Diagramación: Dr. Cirilo Toro Vargas |