LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE “PERSONAJE”

 

Nicolás Dorr

La Habana, Cuba

 

Confieso que es el personaje mi punto de arrancada.  (¿Pero acaso la construcción de un rol no parte de la esencia misma del Arte escénico, la transfiguración?)  Por cierto, su ejercicio convierte al escritor en un ser verdaderamente esquizofrénico, dividido y multiplicado en diversas personalidades.  Es algo angustioso y muy perturbador.  Pero no hay alternativa.  Imaginamos los personajes y luego estos nos poseen; entonces nos transfiguramos en ellos para después comenzar a sacárnoslos en la medida en que los trasladamos a la página en blanco.  Como se puede apreciar, se trata de una gestación por partes.  Su alumbramiento definitivo es el acontecimiento más importante que suele sucedernos.  Y como por lo general –salvo cuando escribimos monólogos- el parto es múltiple, quedamos exhaustos.

            En realidad, son más que hijos, pues estos guardan zonas de vida a las que no hay acceso, mientras que los personajes no pueden ocultarnos nada.  Ofrecen la tentadora posibilidad de inmiscuirnos en las vidas ajenas. El creador de estos seres, al convertirse en una suerte de esponja que va absorbiendo de cada persona conocida rasgos de carácter, expresiones, reacciones, problemas, termina por poseer su propio y contundente arsenal, a  manera de gran zoológico humano.  Esos proyectos de personas o egos imaginarios, como los llama Kundera, pueden surgir como ancianos, personas adultas, adolescentes o niños.  Entonces concebirlos y hacerlos vivir cuesta prácticamente el conocimiento de todas sus vivencias anteriores e, incluso, futuras.

            Una vez que conocemos a nuestros personajes hay que saber encontrar aquellas características que estarían en función de los conflictos y detenernos y profundizar sólo en ellas.  Después sucederá algo muy curioso y pirandelliano:  mientras más logramos controlarlos, más independientes se hacen y hasta llegan a guiarnos y a autodefenderse. ¡Enigmática paradoja!

            Resulta muy divertido, por otra parte, saber que podemos conocer más de nuestros personajes que lo que un ser humano lograría descubrir sobre sí mismo.  Esto lo posibilita otra paradoja de la creación, pues estando tan comprometidos con ellos, al mismo tiempo ejercemos una distancia crítica para juzgarlos y para determinar las causas de sus acciones y hasta los vericuetos de su subconsciente.  Los personajes son, sin lugar a dudas, el centro irradiante, de ahí su importancia.


Publicado en el Internet:  6 de septiembre de 2004.

Concepto y Diagramación del Dr. Cirilo Toro Vargas