EL PERIODISMO ÉTICO-CULTURAL

DE LUIS MARTÍNEZ FERNÁNDEZ

 

Prof. Estela García Cabrera

Directora Revista Horizontes

Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico

 

Nos ocupa, en la noche de hoy, la presentación del libro 80 Artículos periodísticos, Rincón, Puerto Rico, MB Publishers de Puerto Rico, 2003, del Dr. Luis Martínez Fernández.  La obra recoge 80 trabajos de los más de 300 que el Dr. Martínez publicó en El Día y en El nuevo Día a lo largo de varios años de fructífica labor periodística.

 

Este libro se publica – como confiesa el propio autor en las “Palabras preliminares” gracias a la iniciativa de su hijo, el Dr. Luis Martínez Sierra, quien, según su padre, “no ha querido que duerman para siempre, en el arcano de mi archivo” (5).  De ahí que animado, se dispuso a seleccionar 80 de sus artículos periodísticos y a recogerlos en este volumen que con profundo respeto y admiración, nos dedicamos a reseñar en esta ocasión.  Digo respeto y admiración porque al Dr. Martínez me unen fuertes lazos de amistad cimentados en una gran admiración y un entrañable cariño y respeto.  Lo conocí en la década del 60 cuando yo era su estudiante de literatura hispanoamericana en la entonces Universidad Católica de Puerto Rico.  Compartí con él en muchas actividades del Círculo Literario Rubén Darío y desde esa fecha hemos continuado compartiendo esporádicamente.  Este hombre sabio, sereno, elegante, buen conversador, ha dejado huellas muy profundas entre sus discípulos y amigos.  Lo admiro como profesor, como hombre de letras, como periodista, como orador, como pensador... Siempre he comentado que Luis Martínez es un hombre sabio, con muy buen sentido del humor, y son innumerables los buenos consejos que siempre ha estado dispuesto a ofrecer.  Hoy a los 90 años, todavía está muy al tanto de nuestras vidas y le agradezco profundamente que nos haya abierto siempre las puertas de su casa y de su corazón y de que haya pensado en mí para presentarles esta obra.

 

El Dr. Luis Martínez es periodista profesional, graduado de la Escuela Profesional de Periodismo Manuel Márquez Sterling, de La Habana.  Posee, además, un Doctorado en Filosofía y Letras y otro en Leyes, ambos por la Universidad de La Habana.  Hago esta observación porque esta preparación del autor en los campos del periodismo, de la filosofía, de las letras y del derecho le confiere una amplia cultura y un dominio de la lengua en general y del estilo periodístico en particular que se refleja en cada uno de los artículos que componen el libro.  Estos Artículos periodísticos son, pues, una especie de biblia moral, cultural, social, pedagógica e histórica que tiene como objetivo principal educar al público lector en áreas relacionadas con las ciencias sociales, con la filosofía y la religión, con la política, la literatura y la historia, áreas que coinciden con la clasificación que hace el autor de los 80 artículos que se recogen a lo largo del libro.

 

Se destaca en primer término, la gran cantidad de citas de autores tanto clásicos como de diferentes nacionalidades y de todas las épocas: franceses, alemanes, ingleses, españoles, hispanoamericanos lo cual reafirma la amplísima cultura del autor.  En segundo lugar se destacan a lo largo del libro los elementos moralizadores y de orientación.  Es como si el Dr. Martínez quisiera explicarnos, a través de estas páginas, cómo se construye una república verdaderamente democrática, cómo podemos ser mejores ciudadanos, cómo debemos educar a nuestros jóvenes, cómo podemos construir hogares felices y armónicos, cómo podemos fortalecer nuestra fe, cómo podemos desarrollar los valores.  La cultura, dice el autor “no es solamente sabiduría del pensamiento sino también sabiduría de la conducta” (19).  He aquí la misión de la escuela “enseñar al joven al ser el ciudadano adecuado ante cada revuelta de la vida” (19).

 

Educado en el pensamiento de nuestros grandes escritores y pensadores como José Martí, José E. Rodó, Miguel de Cervantes, Ortega y Gasset, Eugenio María de Hostos, Luis Martínez es un hombre de fe.  Tiene fe en el porvenir de América.  Piensa como George Friedrich Hegel, el sabio filósofo alemán que “América es el país del porvenir” (228).  Coincide con Simón Bolívar en la integración de los países hispanoamericanos para que el territorio americano pueda resplandecer “como uno de los países más promisorios del mundo” (228).  Para construir sociedades ecuánimes y estables, los hombres deberemos tener cordura, abandonar situaciones explosivas, posturas polémicas y en su lugar instaurar gobiernos de evolución ordenada, con esfuerzo colectivo y responsabilidad social.  Por tal motivo nuestro autor ataca las revoluciones que “destruyen la continuidad espiritual” (233) de los pueblos y rompen “el hilo habitual” (233) de sus vidas.  En “Rumbos de Hispanoamérica” nos instruye en el manejo de nuestros gobiernos.  Traigo a colación este artículo en particular por su estrecha relación con el Puerto Rico que todos conocemos.  Hispanoamérica vive estancada.  “La ambición de poder nos arrastra” (240).  “El triunfo nos ciega” (240).  Y la culpa de este estancamiento la tienen la mala administración y la corrupción política.  “Por regla general nuestros gobernantes son malos administradores.  Y la mayoría de nuestros políticos son corruptos” (240), factores ambos que frenan el progreso material y espiritual de nuestros países.  Por “demencia económica” término acuñado por Albert Camus entiende el culto desmedido al dinero y a los bienes materiales:

 

Los hombres solo piensan en el dólar.  Tienen una secreta avidez de dinero.  Los políticos entran con turbios chanchullos.  No les importan los negocios oscuros.  Lo único que quieren es incrementar sus riquezas (241).

 

Para contrarrestar estas actitudes se imponen la defensa de los deberes, el equilibrio de las fuerzas sociales y la ética.  Por ello, Luis Martínez cita constantemente a José Martí.  De Martí nos dice que “fue un hombre ético” (111).  Su conducta se inspiró siempre en dos normas de vida:  “el cumplimiento del deber con un sentido casi místico” y “el sacrificio de su vida consagrada a un supremo ideal; la libertad de su Patria”(118).  Para Martí al igual que para Luis Martínez y para Hostos, el bien está en lo más alto en la escala de los valores humanos.

 

En los artículos que el autor recoge bajo el subtítulo de Ciencias Sociales se desarrollan ideas como la importancia de la dimensión religiosa dentro del currículo escolar “La escuela tiene que preocuparse por el ser humano integral, en todas sus dimensiones.  Y la religión es una de ellas” (15).  Para apoyar su posición recurre a las palabras del eminente erudito español Don Marcelino Menéndez y Pelayo:

 

La escuela sin Dios, sea cual fuere la aparente neutralidad que se quiera disimular, es una indigna mutilación del entendimiento humano en lo que tiene de más excelso.  Es una extirpación brutal de los gérmenes de verdad y de vida que laten en el fondo de toda alma humana para que la educación la fecunde (16).

 

Nos hace ver el Dr. Martínez la poca importancia que se le concede a los valores humanos para la formación ética de los educandos.  Todos los valores como el trabajo, el sacrificio, el esfuerzo, la cortesía, la cordialidad y aún el saludo, están en crisis y en su lugar la juventud busca valores distintos, trastocados:

El joven necesita un mínimo de seguridades.  Es necesario que aprenda a discriminar entre lo malo y lo bueno.  Entre la verdad y la mentira.  Entre la cortesía y la grosería.  Entre el amor y el egoísmo.  Esta es la labor de los padres y los educadores:  Orientar.  Sugerir rumbos.  Incitar a la reflexión.  El futuro es una aventura incierta e inquietante.  Y hay que preparar a los jóvenes para que aprendan a tomar decisiones rectas (18).

 

Presta Luis Martínez especial atención a la escuela.  Citando al gran pensador puertorriqueño, don Eugenio María de Hostos, nos recuerda que “la casa paterna es un foco de moral individual.  La escuela, de moral social” (24).  De aquí la necesidad de formar maestros que sean:

 

Escultores de hombres, de individuos capaces de orientar la inteligencia, los sentimientos, la voluntad para “enseñar a conocer el bien como el único medio de ejercitar la actividad (25).

 

Pero los valores – como decía el insigne educador cubano, don José de la Luz y Caballero, “no se enseñan.  Se aprenden con el ejemplo” (27).

 

Para Luis Martínez, existe una estrecha relación entre la educación deficiente y la delincuencia.  Debemos cambiar el rumbo y tanto padres como maestros deberán convertirse en seres de luz.  Nuestra escuela instruye, pero no educa “Existe una permisividad moral que va más allá de todos los límites naturales.  Todo está bien.  Todo se puede hacer” (28).  “Por falta de una educación adecuada – sin paradigmas morales – robamos, matamos, asesinamos a mansalva” (28).  Por ello el autor propone elevar la conducta humana, devolverles el sentido a los valores espirituales que constituyen el arte, la literatura, el trabajo y el ocio fecundo “Hay que volver a Dios... Hay que poner de moda la honradez.  Y elevarle – nuevamente – un trono a la justicia.  Respetar la vida humana y para ello la educación juega un papel importante” (28).  Culpa el autor a los medios de comunicación – sensacionalistas y amorales – de los activadores que permean la sociedad:  la droga, el cine, la televisión, la destrucción de la familia, contribuyen a la desintegración de la moral tradicional.

 

Continuando por las páginas de sociología, Luis Martínez se adentra en temas como la discriminación racial, las guerras, la confusión, la violencia y la desorientación que caracterizaron el siglo XX:  los vicios de la sociedad contemporánea.  Sobre éstos señala:

 

El pequeño de hoy se desenvuelve en una sociedad consumista.  El hombre actual vive para comprar.  Está al tanto de todas las “ventas especiales”... Los menores crecen en una atmósfera de falsa felicidad, de placeres banales, de oropeles apócrifos.  No se les insufla que tengan una vida interior...  En vez de sugerirles que sean, los  invitamos a que posean.  Desde muy pequeños solo ven que el ser humano vale por lo que tiene.  No por lo que es (47).

 

Al igual que Hostos, en su ensayo “La educación de la mujer”, Martínez nos recuerda que ser padre o madre supone educación, entrega, atención, ternura, paciencia, sacrificio, lágrimas y sobre todo, generosidad.  ¿La clave?  “Educar al niño para que sea feliz, independiente y solidario” (49) y para ello deberá instruírsele en el valor del trabajo.  “Enseñar a trabajar es el bien supremo de la escuela” – decía don Eugenio María de Hostos.  Para Luis Martínez “El trabajo es creador por sí mismo.  Redentor en su esencia.  Próvido en sus resultados.  Trabajando dominamos la naturaleza.  La perfeccionamos.  La hacemos más útil” (49-50).

 

Vivimos en un mundo complejo, confuso, caótico.  La soledad que sufre el hombre contemporáneo es resultado de la ausencia de una profunda base religiosa; la miseria con su secuela de prostitución, vicios, enfermedades y muerte, provoca desequilibrio; la explosión de los envejecientes tendrá serias consecuencias como el retraso en la edad de la jubilación, el aumento en las cotizaciones, la reducción de la familia, el decaimiento del espíritu y la pérdida del fuego vivo de la juventud.  La mecanización del hombre produce la pérdida de la sensibilidad, de la expresividad y lo convierte en un ser frío, indiferente, falto de entusiasmo, criaturas de hielo mecanizadas, frías e indolentes.  Los niños claman por protección, amor, seguridad y compañía.  Vivimos en un mundo de criaturas abandonadas y las vías públicas son escuelas de maldad.  La prisa nos consume.  Vivimos inmersos en la “cultura del vacío”.  Esta “cultura del vacío”, dice el autor, ha convertido a nuestra juventud en seres egoístas, que no saben compartir y cuyo único refugio es la calle o la televisión.  De aquí “el escepticismo, la desilusión y la desesperación” (77) de muchos jóvenes.  Muchos terminan suicidándose.  Para Luis Martínez la juventud es espejo de la sociedad.  A nuestra juventud se le ha olvidado que la “vida es lucha” (78) y se ha alejado de la hermosa misión de amor, de justicia y de paz con la que venimos al mundo.  Es importante que los jóvenes aprendan a abandonar el pesimismo, a encontrarle un por qué a la vida, a redescubrir la fe y el espíritu de conquista.  A volar con alas propias, sin drogas y sin estimulantes.  A elevar el espíritu, a ascender, a dar, a compartir y hacerse solidarios con quienes los rodean.  Nuestra juventud deberá aprender a amar.

 

Como complemento a la “cultura del vacío” a nuestra juventud le caracteriza “la cultura de lo vulgar”.  En nuestra sociedad triunfa lo chabacano, lo vulgar.  Se ha olvidado la amabilidad, la cortesía, la afectividad, la gentileza, la alegría, actitudes todas que pueden cambiar el rumbo de la sociedad.  Para Luis Martínez los mejores antídotos a toda esta situación son la educación integral y el amor:

 

El amor es la clave.  El mejor regalo que pueden hacerles los progenitores a sus vástagos es brindarles una infancia feliz, sin traumas, ni conflictos, ni complicaciones.  Un hogar donde haya un mar de ternura que desemboque – cada hora – en el corazón de los pequeños (66).

 

En la segunda sección del libro titulada “Personajes” el autor se acerca con respeto y admiración a figuras como José Martí, José Ferrer, Dulce María Loynaz, Monseñor Oves, entre otros.  De ellos resalta su presencia espiritual, su obra, su vocación, su fe, su fortaleza, su integridad, su arte, su pureza, virtudes que el periodista admira profundamente por la huella de honradez y rectitud que han legado a las generaciones venideras.  Dedica el autor algunos artículos al Che Guevara y a Fidel Castro.  Del Che, en contraposición con los personajes anteriores, destaca su presencia conflictiva en territorio cubano, su carácter impulsivo, su antiimperialismo feroz y su rebeldía, lo que lo condena a deambular por el mundo con su mochila cargada de odio como lobo feroz.  La figura de Castro es presentada como “caudillo egoísta y ambicioso” (262).

 

Cuba necesita – desesperadamente – un líder.  No un caudillo egoísta y ambicioso como Fidel Castro.  Le urge un guía.  Un hombre en quien se concentren las viejas virtudes nacionales: el decoro ciudadano, el amor encendido por su tierra y el respeto al derecho, a la libertad y a la justicia (262-263).

 

Amante de la libertad, de la democracia, de la justicia y defensor incansable de los derechos humanos, Luis Martínez se enfrenta con rectitud y valentía a la política esclavizante de Fidel Castro a quien asigna el apelativo del dictador más viejo de América.  No cree que Castro tenga la fuerza moral para representar a su país y denuncia abiertamente la actitud asumida por el gobierno español frente a dictadores como Pinochet y Castro.

 

¿Cómo pueden los españoles ajusticiar a Pinochet y tenderle la mano cariñosamente a Fidel Castro?  (273)...

 

Si se castiga a Pinochet, que se enjuicie también a Castro.  Uno fue un dictador de derecha.  Otro de izquierda y hay la tendencia a condenar a los dictadores derechistas y a ser blandos con los de izquierda...  Ambos ahogan la libertad que es el tesoro más preciado del ser humano.  Ambos matan, asesinan y torturan.  Mídanlos, pues, con el mismo rasero. (274)

 

Y concluye el artículo con una hermosa cita de Cervantes que aparece en El Quijote.  “La libertad, Sancho, es uno de los más preciados dones que los cielos dieron a los hombres.  Por la libertad, así como la honra, se puede y se debe aventurar hasta la vida misma”(274).

 

Los artículos que el Dr. Martínez recopila bajo el subtítulo de “Literatura” se centran alrededor del lenguaje, lengua hablada y lengua escrita.  Dirige su crítica sobre todos aquellos que viviendo del uso de la lengua: maestros, abogados, locutores, la mutilan, la distorsionan y la maltratan.  “La cultura de lo vulgar” no solo es característica de la conducta social del Puerto Rico de hoy, sino también de la moda y del lenguaje.  Defiende, pues, la expresión correcta, elegante; el buen fraseo, el tono correcto.  Nuestro idioma es nuestro mayor tesoro “Lo mismo que se enseña a los niños el hábito de limpiarse los dientes, debemos insuflarles la necesidad y la obligación patriótica de hablar correctamente” (251).

 

Una buena dicción – nos recuerda – es nuestra “mejor tarjeta de presentación” (255).  Por ello, la escuela, el gobierno, los centros docentes de nivel superior deberán preocuparse por la limpieza y pureza del idioma pues la “lengua es un tesoro” (253) y debemos acercanos a ella con unción y respeto” (247).

 

Hablar es uno de los más altos privilegios que Dios le ha otorgado a los seres humanos (247).

 

Hablar correctamente no es un asunto estrictamente académico, es un asunto “tremendamente humano” porque “debe preocuparnos a todos” (247).

 

En la sección subtitulada “Política” nos da lecciones de historia universal.  Al igual que Bolívar, Rodó y Martí, Luis Martínez cree en la integración de los países de Hispanoamérica.  Defiende a brazo partido los sistemas fundamentados en la democracia, en la justicia y en la libertad y condena con verticalidad y entrega las revoluciones que se cimentan en el terror, en la opresión, en la infamia y en el crimen.  Para Martínez, “la libertad es la fuerza y el sol del mundo” (245)

 

80 Artículos periodísticos está escrito con respeto.  Se trata de una obra docente a través de la cual el autor orienta y nos estimula para convertinos en mejores ciudadanos.  Cada artículo tiene una estructura definida:  planteamiento del tema, desarrollo de las ideas, consejos y síntesis.  Por lo general la primera oración es directa; expositiva, objetiva, clara.  Se trata de oraciones – tesis.  La síntesis final tiene un tono esperanzador lo que reafirma que Luis Martínez es un hombre de fe.  El estilo es sencillo y culto.  Posee, nuestro autor, el arte de los contrastes y muy acertadamente sabe combinar el vocablo familiar con el elegante con el propósito de elevar el nivel lingüístico de sus lectores.  Emplea citas de muchos autores y pensadores tanto clásicos como contemporáneos, tanto europeos como hispanoamericanos y puertorriqueños para sustentar sus opiniones.  Su prosa es, en gran medida, conceptista, plagada de ideas y de conceptos orientadores.  Por otro lado, sus oraciones suelen ser breves, directas, vigorosas, como corresponde al estilo periodístico.  El libro, como mencioné al principio, es un compendio de reflexiones de orientación moral, cultural, social y pedagógica.

 

Solo me resta agradecer al Dr. Martínez por la iniciativa de recoger en este libro algunos de sus artículos más significativos para nuestra sociedad contemporánea.  Se trata, verdaderamente, de un legado – no solamente para sus nietos y para los hijos de sus nietos – sino para todos los que fuimos sus estudiantes, y colegas en la labor docente que por años llevó a cabo desde las aulas de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico y luego de la Universidad de Puerto Rico, en Ponce y para todos los jóvenes puertorriqueños.  Sé que son muchos los beneficios espirituales que podemos derivar de la lectura de estos artículos y para concluir con sus propias palabras, solo espero – al igual que el autor – que estas reflexiones caigan sobre las almas de sus lectores “como una brazada de rosas vivas” (6).

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Conferencia dictada el 5 de febrero de 2004 en el Museo de Arte de Ponce con motivo de la presentación del libro 80 Artículos periodísticos.


Publicado en el Internet:  9 de septiembre de 2004.

Concepto y Diagramación del Dr. Cirilo Toro Vargas