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ESCORZO DE 80 ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS[1] DEL DR. LUIS MARTÍNEZ Prof. Ada Hilda Martínez de Alicea Departamento de Estudios Hispánicos Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico |
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En este comentario, cuyo recorrido se contrae a la concepción del mundo del Dr. Luis Martínez, a su mundividencia, ofreceremos una presentación parcial y sintetizada de su pensamiento. En parte se debe a la dimensión de sus ideas, y en parte al cumplimiento de la designación que se me hizo de examinar solo el acápite “Filosofía y religión”. A mi juicio, sería menester ampliar los capítulos de 80 artículos periodísticos, y convertirlos en libros, así, pues, “Ciencias Sociales”, “Personajes”, “Filosofía y religión”, y “Política”, en los que el escritor poligráfico manifiesta su filosofía de vida, su concepción ética, política, sociológica y religiosa. En este recorrido no partimos del supuesto del talento del autor, sino que nos proponemos hacerlo patente a través de su ideario, recordando con Blas Pascal que “el pensamiento constituye la grandeza del hombre”.
El Dr. Luis Martínez posse talento y dotes para la creación literaria y para la crítica. A la par que enseñaba cursos de literatura en la Universidad de Puerto Rico publicaba en las revistas locales e internacionales y en los periódicos del país. De su vasta cultura y experiencia pedagógica dan fe sus cientos de artículos, escritos en diversos momentos de su vida. Algunos de sus trabajos responden con sensibilidad y penetración al estímulo de vastas lecturas literarias; otros, más elaborados y eruditos, lo muestran dueño de las técnicas periodísticas, como producto de haberse graduado de la Escuela Profesional de Periodismo Manuel Márquez Sterling de La Habana.
El periodista que examinamos dista del profesional atado a esquemas aprendidos en las escuelas tradicionales de periodismo. Conviene recordar que dos de los postulados más conocidos giran en torno de que 1) el periodista debe limitarse a contestar las cinco preguntas clásicas, conocidas en el argot como las cinco W’s, y que se refieren a quién, cuándo, dónde, por qué y qué, y 2) para no transgredir los cánones casi sagrados de la profesión debe evitar apreciaciones subjetivas. Digamos que, según los libros de estos tiempos sobre el tema que nos ocupa, la noticia no tiene por qué estar exenta de emotividad ni ser aburrida, repetitiva, inexacta ni trivial. Esto de ninguna manera significa que se apoye en la invención o que sea ficcional. La función del periodista no es falsear los hechos. Ahora bien, por el hecho de estar frente a un género periodístico distinto de la noticia convencional, el desarrollo de los temas y la descripción de los escenarios le permite al Dr. Martínez lograr historias vivas, más humanas, apegadas a la realidad, alejadas de las abstracciones y ricas en contenido. De los títulos de los capítulos resulta fácil colegir que el autor ha seleccionado, organizado sistemáticamente lo que, a su juicio, potencia la dimensión universal de su pensamiento. Este aserto se materializó en los ochenta artículos periodísticos, de los cuales me ha correspondido el acercamiento a poco más de una veintena de ellos.
En el acápite “Filosofía y religión” los temas centrales están enfocados en la natividad, la Tierra Santa, la evangelización, la crisis de valores, el vacío ideológico y la desintegración cultural. Son todos manifestaciones éticas y cristianas.
Destacamos como primer foco el relativo al nacimiento del Niño Jesús, patente en “La Natividad del Señor”, “La secreta luz de la Navidad”, “La alegría de la Navidad”, “Belén”, “Belén, la cuna de Jesús”, “El Nacimiento del Niño Dios” y Navidad”. “La Natividad del Señor”, resulta ser una ojeada al nacimiento, infancia y crecimiento de Jesús, de quien el autor destaca que “no vino al mundo para ser servido, sino para servir”. Su juicio, “Jesucristo niño fue una personalidad extraordinaria”: “dinámico”, “sereno”, “atractivo” y “subyugador”. Pondera, sobre todo, su amor por los pobres, humildes y oprimidos. Dice: “Su amor –desde pequeño– se extendió a todos los hombres sin distinción de clases o de razas” y, a renglón seguido, considera que “muy pocos tienen la vocación por los pobres que tuvo el Mesías” (138).
En el artículo “La secreta luz de la Navidad” hace partícipe al lector de la conmemoración del advenimiento de Jesús al mundo, pero el propósito va más allá de la exhortación a renacer a una vida mejor. Le pide vehementemente al Señor Jesucristo que haga que rectifiquen los pueblos comunistas que oprimieron a sus hermanos. Le ruega que los ilumine y que humanice a los déspotas. Así sentencia:
Haz, Señor, que en este veinticinco de diciembre, todos los seres humanos –los buenos y los malos, los inocentes y los culpables– se sientan hermanos. ¡Y volvamos los ojos a ti, en busca de la paz, el sosiego y el amor entre nosotros y entre todos los pueblos del mundo (142)!
El Dr. Luis Martínez comunica unidad a esta sección, a través del tema del nacimiento del Niño Dios. En cada hito de ese viaje a los orígenes del Cristianismo subyace otro propósito. Así, pues, la Navidad, asociada a la poesía es el tema rector del artículo “Navidad y poesía” en que señala que por su hermoso contenido, será “un tema eterno para los artistas”. De ahí que cite a Berceo, el autor de Milagros de Nuestro Señor y a poetas españoles, como Rafael Alberti, Manuel Benítez Carrasco, Luis Rosales, y a Gerardo Diego, entre otros.
En torno de la existencia de Dios, gira el artículo “La alegría de la Navidad”. Escuchemos al Dr. Martínez:
De manera que –históricamente– Cristo existió. No hay dudas sobre ello. No es una figura mitológica como apuntan algunos agnósticos. Si no nos bastaran los Evangelios –y la tradición cristiana– serían suficientes las aserciones de los historiadores romanos y judíos (153).
Como una extensión del tema antedicho es el artículo “Belén, la cuna de Jesús”. Constata el autor algunos datos históricos, como el que se dio a conocer en 1947, respecto de que unos beduinos encontraron en unas cuevas unos pergaminos enrollados con una copia entera de las profecías de Isaías y las Reglas de la Vida de los monjes esenios, coetáneos de Jesús. Este artículo se reviste de gran importancia por el recurso de las oposiciciones entre la doctrina de los esenios y la de Jesús. Jesús recorría las calles predicando su mensaje; los esenios se retiraron al desierto para cumplir con la Ley; Cristo comía con los pecadores; los esenios los excluían; estos últimos rechazaban a los enfermos, mientras que Jesús atendía a los lisiados, a los cojos y a los ciegos. “Son tantas las contradicciones, dice el autor, que la teoría de Jesús de esta secta no tiene sentido” (170).
Nuestro escritor descubre cada uno de los elementos que integran los llamados “nacimientos” en las experiencias vitales de su infancia y en la fuerza acumuladora de sus viajes. Consigna en el artículo “Belén” haber formado parte de “Peregrinos de la fe” –un grupo de personas que, junto a Monseñor Fremiot Torres Oliver quien en aquel entonces era el obispo de la Diócesis de Ponce, visitó Roma y Tierra Santa. El recorrido no solo fue una experiencia singular para el autor –como él mismo señala– sino también para el lector, a quien le parece encontrar “a cada paso la huella del Señor”. Rastrea la ruta a Belén por todas las ciudades que les permitió la guerra. Las descripciones y la exactitud se realizan con encanto sutil; el autor se ciñe a la conformidad geográfica, y lo hace enalteciendo y embelleciendo lo que observa a su paso. Veamos:
Y por fin llegamos a Belén. A siete kilómetros de Jerusalén se encuentra la tumba de Raquel. Allí el camino se bifurca. A la derecha se dirige hacia Hebrón. A la izquierda nos lleva hasta Belén. Su nombre quiere decir en hebreo “Casa del Pan”. La ciudad está asentada sobre una colina. Existen todavía valles ubérrimos. Árboles y frutos se enseñorean en el ambiente¼ (162).
El segundo foco de esta sección toca el tema de los valores morales. Apunta el Dr. Luis Martínez que los valores de nuestra sociedad se han debilitado. Se aceptan sin escrúpulos el aborto, el suicidio, la infidelidad conyugal, el maltrato de ancianos y de niños, el abuso sexual, el alcohol. Su postura es clara: en vano los pueblos luchan por ser progresistas si en la sociedad no gobierna un sistema moral. Su voz resuena en “Crisis de los valores morales”: “el respeto a los valores éticos es indispensable para que la sociedad se desenvuelva civilizadamente”; “la laxitud ante el mal socava los cimientos de la paz social” (204). Otra idea que se desprende de su ensayo está relacionada con la permisividad de los mayores, quienes no adoctrinan a los jóvenes en el civismo. Como solución al problema, exhorta a que se les ofrezca una educación integral, tanto para el cuerpo, como para el espíritu; es decir, que se formen “en el hábito del trabajo y del esfuerzo” (206). En “El precio de cada hombre”, el Dr. Martínez sentencia: “la indiferencia moral es la tónica de nuestro fin de siglo”; “cada día aumentan más los esclavos de la droga”; “el sexo nos tiraniza”; “la violencia cunde por todas partes” (199). El deterioro de la sociedad, a su juicio, se acrecienta cada día. Esta idea, análoga a las anteriores, y relativa a la ausencia de la eticidad se perfila en “La banalidad del mal”:
Esta horrible banalización del mal, de lo vulgar, de lo sucio y chabacano, ha traído oscuras consecuencias. La falta de respeto entre el hombre y la mujer. Los abusos y aberraciones de los maridos. El hostigamiento sexual a los niños. La drogadicción. El narcotráfico. Los crímenes alegres. Los atracos. Todo esto ha provocado la revolución moral que padecemos (213).
El tercer foco corresponde al peligro de la desintegración cultural. Para nuestro autor, Oriente y Occidente se han enfrentado en los últimos siglos y parece ser que existe una ofensiva secreta de los primeros contra los valores de los países occidentales. Rusia, según él, es el país que lidera la rebelión. No obstante, no deja de responsabilizar a los fundamentalistas islámicos, cuyos ataques a los Estados Unidos procuran la destrucción de una nación sólida y poderosa. De ahí que exhorte a los países occidentales a despertar del letargo y a organizar una defensa común para evitar el resquebrajamiento de su cultura, del régimen de vida, del progreso y de los adelantos científicos.
En “Choque de culturas” contrapone la religión católica y la musulmana mediante un juego de antítesis: a los católicos les atribuye más tolorancia y más flexibilidad; de otra parte –según él– los musulmanes son “fanáticos, intransigentes y no evolucionan”. La religión católica –dice– “ya no envía herejes a la hoguera. Sencillamente los excomulga”. De otra parte, “el fundamentalismo islámico mantiene vivas sus prácticas de muerte” (150). A su parecer, hoy día “luchan dos fuerzas antagónicas. Es la colisión del fanatismo contra la libertad” (152).
Nos hace partícipes de la ideología de algunos pensadores como el norteamericano Michael Novak, quien ha contribuido al desarrollo de la doctrina social de la iglesia. Según el Dr. Martínez, Novak considera que
¼la democracia moderna y el capitalismo proceden de idénticos impulsos históricos. Primero, limita el poder del estado para defendernos de la tiranía. Segundo, libera la capacidad creativa de los individuos y garantiza a las instituciones locales, independientemente organizadas (157).
Los marxistas –según el Dr. Martínez– detestan a Novak; no así nuestro escritor quien, además, parece simpatizar con Adam Smith, el economista escocés que concebía el trabajo como una fuente de riqueza.
Otro de los principios que informa la prédica del Dr. Luis Martínez es el del sentimiento cristiano. Sin alardes de erudición, establece una serie de analogías entre lo político y lo religioso. En el artículo “Una religión sin Dios” prueba, mediante una serie de hechos históricos y trágicos como son la Revolución Francesa y la Revolución Rusa, que “el espíritu religioso del hombre no se puede ahogar nunca” (179). Penetra en la artesa de siglos y escruta los orígenes del cristianismo en “La cruz de la evangelización”. Examina el símbolo de la cruz como pretexto para poner en el relieve la importancia de revivir con fervor los valores cristianos que han sustentado a nuestra sociedad.
El Dr. Luis Martínez suele citar autores que le sirven de apoyatura a sus razonamientos y argumentos. Así, pues, a Kierkegard, el filósofo existencialista danés, quien señala que “la cristiandad está jugango al cristianismo” (139). Lo cita para referirse a que no existe la autenticidad. “El que cree en Cristo con fervor –dice– deberá llevar siempre sobre sus hombros una pesada cruz” (139). Esta idea la sostiene, además, en “La Navidad del Señor” y en “Los caminos de Tierra Santa”.
Sus escritos me hacen recordar el mensaje apostolar de su compatriota José Martí respecto de que si trabajamos en mármol, este se desgastará; si lo hacemos en bronce, el tiempo lo destruirá; si levantamos edificios, algún día serán polvo; pero si infundimos en el espíritu de los hombres altos principios y el temor de Dios, grabaremos en algo que el tiempo, que todo lo muda, jamás podrá destruir. Lo susodicho se hace evidente en “Llama viva de amor”, escrito con motivo del cuarto centenario de la muerte de San Juan de la Cruz. No pueden ser más luminosos y exactos sus juicios en torno de la figura del místico, autor de “Cántico espiritual”. Sus juicios, aunque breves, pueden ofrecer una caracterización cabal del poeta quien “como buen teólogo conduce el poema por las tres vías reconocidas por la Teología: la Purgativa, la Iluminativa y la Unitiva” (191).
El momentum es el acto preciso y único que sintetiza los principales elementos de una historia; es lo que capta el tono, la intención y revela la finalidad del escrito. Puede ser que ese momentum solo dure un instante, pero será el responsable de captar la atención del lector y de que se ubique en el lugar y en la época en que transcurre el proceso. A tono con lo expuesto, uno de los recursos más empleados del Dr. Luis Martínez es el de destacar un hecho en la oración de introito. Así, pues, emplea como motivos la celebración del advenimiento del Niño-Dios, la visita del Papa a Cuba, el Quinto Centenario del Descubrimiento y de la Evangelización de América y el cuarto centenario de la muerte de San Juan de la Cruz, entre otros.
La cuidadosa planificación del contenido y la estructura de estos textos, el tino para escoger las selecciones, el conocimiento sólido de la historia, de la literatura y de la filosofía, el concepto del trabajo han sido para todos los que hemos leído sus artículos una escuela viva. A través de las páginas de 80 artículos periodísticos asistimos al enjuiciamiento, bien en forma sucinta, bien en forma dilatada de planteamientos forjadores de la conciencia ética, filosófica, histórica, y cristiana del Dr. Luis Martínez. |
| Publicado en el Internet: 9 de septiembre de 2004. |
| Concepto y Diagramación del Dr. Cirilo Toro Vargas |