LA VERDAD ANTE EL ESPEJO

 

Prof. Olga Bizoso

Departamento de Estudios Hispánicos

Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico

 

 –Eso no fue lo que yo dije.  Las palabras se deslizaron con la robustez gelatinosa que las caracterizaba.

 

–Pero, señor presidente, los cuatro que estamos aquí lo hemos escuchado a usted referirse en repetidas ocasiones a José Parés como el “reo”

 

–Imposible, ustedes escucharon mal.  ¿Cómo yo voy a referirme a José Parés como el reo, cuando ni siquiera se le han formulado cargos?  El suspiro contenido de los cuatro consejales hería como flauta desafinada en concierto de Néstor Torres.  –Por eso estamos aquí, señor presidente.  Usted le ha pedido la confianza al pueblo, pero cómo podemos confiar en usted, cuando vemos que, a todas luces, ha prejuzgado a Parés.  Lo ha condenado antes de evaluar la evidencia. 

 

La mirada del presidente amontonaba aquellas palabras junto con las otras, justo en el espacio que le quedaba detrás de la conciencia..

 

–Hablando de luces, déjenme decirles que la justicia, señores consejales, no es una palabra hueca.  Es una luz sempiterna que alumbra las conciencias de los hombres.  Dice la Biblia que el reino de los cielos será para los justos.

 

–Las manos del presidente se enlazaron como en desmemoriada oración.

 

–Ese día del juicio final, como dijo una vez un ilustre poeta nicaragüense, ¡Yo iré en frente de las multitudes con la tea en la mano!  ¡La justicia es, y será siempre, el faro que nos guíe hacia la verdad suprema!

 

Ese y no otro, es mi mensaje al pueblo, y yo les ruego que no distorsionen mis palabras, que no me citen fuera de contexto.  Yo soy y seré siempre un humilde servidor de la ley.

 

El silencio rodaba por las patas del escritorio hasta el piso y subía por la crucificada pared.  Buscaba la luz y cuando la vio caer en los blancos cabellos del presidente, corrió hacia la ventana y se perdió en los últimos rayos de aquella tarde roja.  La voz del consejal ahuyentaba el silencio.

 

–Señor presidente, si mira por esa ventana a sus espaldas  ¿No es acaso José Parés el que cuelga de esa viga desde hace tres días?

 

El presidente giró lentamente y fijó sus ojos en aquella implacable e indiferente viga en la que apenas se mecía el cuerpo gris.

 

–Eso no es problema –sentenció sin voltearse– si de arriba me dicen que no puedo colgarlo, pues lo descuelgo y ya.  A fin de cuentas de eso se trata la autoridad y ya lo dije antes, yo soy un humilde servidor de la ley.


Publicado en el Internet:  9 de septiembre de 2004.

Concepto y Diagramación del Dr. Cirilo Toro Vargas