La Mujer Chicana y La Importancia

De Su Espacio En La Casa Del Mango Street,

De Sandra Cisneros

 

por Cecilia Vázquez

 

La literatura chicana escrita por mujeres comienza a tener una dimensión significativa a finales de los años 70 y se consolida alrededor de la década del 80 con figuras tales como Ana Castillo, Denise Chavez, Estela Portillo y Sandra Cisneros.  La aparición de esta literatura está muy relacionada con el auge que ha cobrado la mujer dentro del movimiento de la chicanidad.  En esto radica la fuerza de su obra.

 

 By delving into this deep core, the Chicana writer finds that the self she seeks to define and love is not merely an individual self, but a colective one. in other words, the power, the permission, the authority to tell stories about herself and other Chicanas comes from her cultural, racial/ethnic and linguistic community.  (Yarbro-Bejarano 215)

 

La autora que aquí nos ocupa, Sandra Cisneros, constituye uno de los más reconocidos exponentes de esa fuerza femenina que ha logrado imponer su voz en el concierto de escritores volcados a los temas chicanos.  Cisneros ha cautivado con igual acierto la poesía y la novela.  Mi análisis se centra en una de sus obras más importantes,  La casa en Mango Street, novela de estructura fragmentada, compuesta por 44 fragmentos cortos que reflejan la situación del chicano en el entorno urbano estadounidense.

 

Comenzaré mi análisis refiriéndome a la figura de la mujer dentro de la novela.  La condición de ser mujer y además chicana marcan una doble discriminación en los personajes femeninos de la novela.  Los chicanos, al igual que otros grupos latinos o hispanos en los Estados Unidos, son considerados minorías.  Por ello, muchas veces estos grupos minoritarios enfrentan obstáculos sociales y políticos que deben superar.  Patricia MacCorquodale apunta algunos de estos obstáculos que afectan a las minorías desde su infancia y que se aprecian en la novela.

 

The effects of reflected appraisals from the dominant group on minority group members' self-concept are particularly important in childhood and adolescent for two reasons.  First, taunting, name calling, and inter group conflict, which highlight race and ethnic identities, are commonplace in many peer groups. (117)

 

Esperanza, la protagonista y representante de la figura chicana dentro de la novela, no esta conforme con su nombre.  Esta inconformidad se aprecia en el fragmento "Mi nombre", donde Esperanza dice: "En inglés mi nombre quiere decir Esperanza.  En español tiene demasiadas letras. Quiere decir tristeza, decir espera.  Es como el numero nueve es como un color lodoso".  Pero estos conflictos de asimilación a la cultura estadounidense no sólo se reflejan en el caso de Esperanza, sino también en el de otros niños chicanos y personajes latinos que aparecen en la novela.  Ejemplo de lo anterior se aprecia en el fragmento "No speak English", donde una latina, cuyo país de procedencia no se precisa, se resiste a aceptar el inglés cuando escucha a su hijo pequeño "cantar el comercial de la Pepsi que aprendió de la tele".  (80)

 

Esperanza, como las otras adolescentes de la novela, refleja además otra problemática que sólo ellas manifiestan por su condición de ser mujeres.  Carlos Martinez Sotomayor, al referirse a la mujer expresa lo siguiente:

 

Sin duda alguna la mujer, desde hace mucho tiempo, ha venido reflexionando sobre su situación y planteando reivindicaciones que le provean la oportunidad de superar un papel enmarcado en esquemas culturales, sociales y económicos que no le han permitido realizarse plenamente y desempeñar una función integral como miembro de la sociedad. (1)

 

La casa en Mango Street expone claramente la situación socioeconómica de la mujer chicana en los Estados Unidos.  El fragmento "Alicia que ve ratones" es un ejemplo de lo anterior:

 

Cierra los ojos y verás que se van, le dice su padre, no más imaginas.  Además la obligación de la mujer es dormir para que pueda levantarse temprano con la estrella de la tortilla.  (32)

 

Aquí se aprecia que la mujer es la que da de comer a la familia y la que atiende los quehaceres de la casa. Sin embargo, Cisneros también nos presenta a la mujer como el ser fuerte y luchador de la casa, el que, a diferencia del hombre, se preocupa por el bienestar familiar.  Esto se enfatiza en el siguiente paisaje tomado del fragmento "Había una vez una viejita que tenía tantos niños que no sabía que hacer":

 

Son malos esos Vargas, y como van a ponerle remedio con sólo una madre que esta siempre cansada de abotonar, y embotellar, y chiquear, y que llora todos los días por el hombre que se largó sin dejarles ni un dólar para jamón o una noticia diciéndoles por qué.  (30)

 

La fortaleza de una madre al mantener a sus hijos y enfrentarse a los problemas de la vida diaria sin ayuda alguna, contrasta con la debilidad de un padre ausente por una u otra causa y que no se preocupa por sus hijos.  En el fragmento "Minerva escribe poemas" también se aprecia lo anterior: "Minerva es un poco mayor que yo y ya tiene dos hijos y un marido que se fue.  Su madre sacó adelante a sus hijos solita y, por lo que se ve, sus hijas también van por el mismo camino".  (86)

 

Al parecer la historia se sigue repitiendo y el hombre no se siente obligado para con sus hijos.  También se evidencian la prepotencia del hombre y la supeditación de la mujer.  En "Rafaela que los martes toma jugo de coco y papaya" vemos lo anterior:

 

Los martes, el marido de Rafaela regresa tarde a la casa porque es la noche que juega dominó.  Entonces Rafaela que todavía es joven pero está envejeciendo de tanto asomarse en la ventana, se queda encerrada con llave porque su marido tiene miedo de que Rafaela se escape porque es demasiado bonita para que la vean.  (81)

 

La desigualdad social de los sexos esta muy marcada a lo largo de la novela.  El hombre tiene todo tipo de movilidad social mientras que la mujer permanece reducida al espacio doméstico, cumpliendo funciones muy limitadas.  Chaney y Schmink afirman al respecto:

 

La dicotomía entre el mundo/dominio/lugar del hombre y la mujer ha sido señalada a menudo.  Jessie Bernard contrasta el "mundo del status" femenino, en el que las ligas se dan sobre una base de amor-obligación, y el mundo masculino de "nexos monetarios", con sus metas y competencias y emocionalmente neutral.  (38)

 

Podemos afirmar que la separación entre los mundos hombre/mujer aún está latente a pesar de las reivindicaciones sociales respecto a la mujer y del auge que en estos momentos posee el movimiento feminista a nivel mundial. Esta desigualdad comienza ya en la manera de educar a los hijos en el ambiente familiar.  La siguiente cita tomada de "Niños y niñas" ilustra este aspecto:

 

Los niños y niñas viven en mundos separados.  Los niños en su universo y nosotras en el nuestro.  Por ejemplo mis hermanos, adentro de la casa tienen mucho que decirnos a mí y a Nenny. Pero afuera nadie debe verlos hablar a las niñas.  (8)

 

En cuanto al espacio donde vive la protagonista de la novela, hay dos centros fundamentales: la casa y el barrio.  Estos sirven de marco al mundo de los personajes.  Julian Olivares expresa:

 

Mango Street is a street sing, market, that circumscribes the neighborhood to its Latino population of Puerto Ricans, Chicanos and Mexican immigrants... The semes that we ordinarily perceive in house, and the ones that Bachelard assumes -such as comfort, security, tranquility, esteem- are lacking. This is a house than constrains, one that she wants to leave; consequently, the house sets up a dialectic of inside and outsides: of living here and wishing to leave there. (235-6)

 

El fragmento inicial de la novela representa la inconformidad de Esperanza por en una casa en malas condiciones y de la que está dispuesta, desde un principio, a marcharse.  En ese espacio siente vergüenza.  No se siente parte de ese lugar:

 

Una vez, cuando vivíamos en Loomis, pasó una monja de mi escuela y me vio jugando enfrente . . .

¿Dónde vives? preguntó.

Allí, dije señalando arriba, al tercer piso

¿Vives allí? . . .

El modito en que lo dijo me hizo sentirme una nada.  Allí. Yo vivo allí.  Moví la cabeza asintiendo. (4-5)

 

En "Los que no", las condiciones depauperadas de la casa y del barrio latino en que vive Esperanza contribuyen a la percepción negativa de ese espacio, visto entonces como un centro de criminalidad y barbarie:  "Los que no saben llegan a nuestro barrio asustados.  Creen que somos peligrosos.  Piensan que los vamos a asaltar con navajas brilladoras.  Son tontos que se han perdido y caen aquí por equivocación".  (28)

 

Pero Esperanza no es simple nombre.  Trae consigo un profundo sentimiento de añoranza, de ahnelo, de aspiraciones que ya casi al final ella ha decidido conquistar.  Esperanza tiene la esperanza de mejorar sus condiciones de vida.  Esto lo apreciamos en "Vagabundos en el ático":

 

Quiero una casa en una colina como aquellas con los jardines donde trabaja Papá.  Los domingos vamos.  Es el día libre de Papá.  Yo iba antes.  Ya no. . .  Lo que no les digo es que me da vergüenza - todos nosotros mirando por la ventana como los hambrientos.  Estoy harta de ver y ver lo que no puedo tener.  Cuando ganemos la lotería. . . empieza a decir Mamá y entonces dejo de escuchar.  (88)

 

Esperanza está cansada de seguir llevando esa vida de miseria y de la cuál siente pena y vergüenza.  Ella está consciente de que algún día hará algo por cambiar su forma de vida.  Está dispuesta a cambiar, con su propio esfuerzo, su destino marginal.  Esperanza no continúa el mismo camino de sus amigas que han encontrado como único escape el matrimonio.

 

En "Una casa propia", Esperanza define su camino concretado en la casa como espacio firme para mover su futuro:  "No un piso.  No un departamento interior.  No la casa de un hombre.  Ni la de un papacito.  Una casa que sea mía".  (110)

 

Sin embargo, aunque esté consciente de que debe marcharse para abrirse nuevos caminos, no puede renegar de los que dejó atrás y que son parte también de su vida.  Por eso dice en "A veces Mango dice adiós": "pero lo que más recuerdo es Mango Street, triste casa roja, la casa a la que pertenezco sin pertenecerle".  (111-12)

 

Esperanza a pesar de que reconoce la necesidad de salir de Mango Street, está convencida de que también pertenece a ese espacio que en gran medida la ha conformado.

 

 BIBLIOGRAFÍA

 

Álvarez, Rodolfo.  "The Psycho-historical and Socioeconomic Development of the Chicano Community in the United States."  The Mexican American  Experience.  Ed. Rodolfo O. de la Garza, Frank D. Bean, Charles M.  Bonjean, Ricardo Romo and Rodolfo Álvarez.  Austin: U of Texas, 1985.  p. 33-56.

 

Cisneros, Sandra.  La casa en Mango Street.  New York:  Vintage, 1994.

 

Chaney, Elsa M. y Marianne C. Schmink.  "Las mujeres y la modernización:  acceso a la tecnología".  La mujer en América Latina. T.1. Mexico:  Sep Setenta, 1975, p. 25-54.

 

McCraken, Ellen.  "Sandra Cisneros' The House on Mango Street:  Community-Oriented Introspection and the Demystification of Patriarchal Violence."  Breaking Boundaries:  Latina Writing and Critical Readings.  Ed. Sternbach Nancy Saporta.  Amherst:  U of Massachussets, 1989, p. 62-71.

 

MacCorquodale, Patricia.  "Identity:  Gender and Ethnic Dimensions."  Mexican American  Identity, Ed. Martha E. Bernal y Philys C. Martinelli, California:  Floricanto, 1993, p. 115-140.

 

Olivares, Julián.  "Sandra Cisneros' The House on Mango Street and the Poetics of Space".     Chicana Creativity and Criticism.  Ed. María Herrera-Sobek y Helena María Viramontes.  New Mexico:  University of New Mexico, 1996. p. 233-242.

 

Sotomayor, Carlos Martínez.  "Presentación".  La mujer y el desarrollo.  La mujer y la cultura:  antología.  Ed. Naranjo, Quiróz y Larraín.  México: Sep Diana, 1981, p. 1-4.

 

Yarbro-Bejarano, Yvonne.  "Chicana LIterature from a Chicana Feminist Perspective".  Chicana Creativity and Criticism.  Ed. María Herrera-Sobek y Helena María Viramontes. New Mexico:  University of New Mexico, 1996. p. 213-18.


Publicado en el Internet:  13 de diciembre de 2004.

Concepto y Diagramación del Dr. Cirilo Toro Vargas