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La ciencia nos enseña como es el cielo,
y la fe nos dice como se va la
cielo.
La ciencia sirve al hombre de
fe para conocer la realidad,
la fe sirve al hombre de
ciencia para iluminar
esa realidad y orientarla hacia
lo eterno.
Debemos esforzarnos para que
desde el interior de la ciencia,
rescatemos la verdad de la fe y
desde el alma de la fe,
enriquecer las perspectivas de
la ciencia.
Nosotros, hombres de mucha
ciencia,
tenemos el camino para llegar a
la fe
y si tenemos mucha fe,
nunca tendremos miedo de la
mucha ciencia.
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