Luis Torres Nadal (1984-1986)

 

Luis Torres NadalNace el 4 de julio de 1943 en la calle Aurora # 67, en Ponce, Puerto Rico. Es el hijo menor de Don Isaías Torres Santiago y Doña Ana Inés Nadal Delegue. Su educación primaria la realiza en el Colegio Ponceño de Varones, y termina sus estudios secundarios en la Escuela Superior Ponce High. Estudió en la Universidad Católica de Puerto Rico donde obtuvo Bachiller en Arte con especialidades en historia y literatura. Prosiguió estudios en la Universidad de Wisconsin en técnica teatral. Obtuvo una maestría en Estudios Hispánicos, recibiendo mención sobresaliente en la defensa de su tésis, con el tema “El teatro de Francisco Arriví” (U.C.P.R.).

Desde temprana edad comenzó a demostrar sus dotes en todas aquellas áreas en las que se destacó posteriormente. En la generación del 60, en teatro y poesía fue considerado el “enfant terrible” de una juventud que emergía de los trillados caminos de los ísmos literarios. Segun Lilliane Pérez-Marchand, y la Dra. Piri Fernández de Lewis, Torres Nadal es un caso único en nuestro lar cultural, no solamente por su precosidad en la formulación de nuevas formas de poesía y teatro, sino también por su capacidad de adelantarse dentro de su estilo particular a las formas dramáticas de la época.

Como declamador estaba considerado uno de los primeros en Puerto Rico como en toda Hispanoamerica. Su estilo particular de desvestir la intención del poeta a través de su voz y su movimiento lo hizo el primero en su género, cultor y heredero de sus maestros Dr. Arturo Machuca Padín, Leopoldo Santiago Lavandero y Alberto Rodríguez. Supera las escuelas de declamación para darnos un modo de decir fresco y articulado, donde la palabra adquiere dimensiones infinitas e insospechadas. Algunos de sus poemas son “Ritual de una voz dolida”, “Poema del mar”, “La espera infinita” y “La angustia vencida”.

Luis Torres Nadal también se destacó en el baile. Fue estudiante del Sr. William (Bill) Sarazen en la Puerto Rico School of Ballet. Tomó clases en la prestigiosa compañía Ballet de San Juan. En Nueva York fue estudiante de Joffrey Ballet y de School of American Ballet. Fue el fundador de la compañía Ballet Teatro de Puerto Rico. Se desempeñó como maestro de baile en la Puerto Rico School of Dance y en la Academia de Baile de Julie Mayoral.

Luis Torres Nadal2Como dramaturgo se le considera un puente entre la generación de nuestros escritores realistas y los escritores post Luis Rafael Sánchez. Además fue un dramaturgo de transición al armonizar una tradición dramatúrgica puertorriqueña con una nueva conceptualización de la escena como experimento. Dentro de su visión de mundo centralizaba al hombre puertorriqueño, desde su humanismo, como fuente del hecho teatral. Su influencia de la literatura lleva a su lenguaje poético, su humor y el aislamiento espiritual a que somete a sus personajes. Sus obras pueden atestiguar, para generaciones venideras, su gran sensibilidad y su profunda preocupación por el destino humano. Entre sus obras cabe destacar “El asesinato de la mariposa”, “La cena gentil”, “Responso para una reina difunta”, “La víspera del día después”, “A las once en punto y sereno”, “La santa noche del sábado” y “El problema de papá”. Dentro de lo que se puede conceptuar un realismo poético, escribe los monólogos “La actriz” y “Esa blanca rosa de papel”.

Su persona y experiencia como hombre de teatro transcurría entre los distintos grupos teatrales del área metropolitana y ponceños, dirigiendo aquí, asesorando allá, y haciendo miles de malabarismos. No descansaba ni cejaba en claudicar sus principios y conocimientos de los que fue dotado. Su interés era siempre mirar al futuro para dejar establecido un verdadero y reconocido movimiento teatral en la Perla del Sur. Su labor como magnífico e indiscutible director teatral comenzó cuando apenas contaba con 16 años de edad. A continuación mencionaremos algunas de las obras en las cuales Torres Nadal intervino como director: “Cuatro y Ernesto” (1972), “El asesinato de la mariposa” (1973), “Collage para un teatro total” (1973), “Tiempo muerto” (1974), “Muerte y transfiguración” (1974), “La víspera del día después” (1974), “Encrucijada” (1974), “María Soledad” (1975), “La fortuna y los ojos del hombre”, “Bert (Los entendidos)”, “Esta noche juega el joker” (1976), “Aventuras de Pinocho” (1976), “Mujeres” (1977), “Los cuentos de Juan Bobo” (1983), “El hombre elefante” (1984), “La vendedora de cerillas” (1984), “El árbol de las siete hojas de oro” (1985), “El hombre de las cien manos” y “Los pasteleros”. Hizo una corta incursión en la fase de producción dirigiendo y produciendo en las obras “El Lazarillo de Tormes”, y “El problema de papá”. Sus ú ltimos trabajos en teatro crearon una gran expectación y aceptación. Fue la piedra angular del Taller de Teatro de la Universidad Católica de Puerto Rico. Con éste, su taller de teatro, dirigió su versión de “Marianela”, “Todos los ruiseñores cantan”, y su gran sueño, “West Side Story” (1986). Dos días antes de su muerte entregó a la Universidad Católica de Puerto Rico el prontuario para la creación del departamento de drama de dicha institución de educación superior.

Torres Nadal, en el momento preciso e importante para el teatro de su ciudad natal, encendió la chispa que puso al País a mirar hacia Ponce con los estrenos mundiales de sus versiones para teatro de “La charca” (1985), y “Doña Bárbara” (1986). Torres Nadal fue un fiel defensor del teatro ponceño. Su último trabajo como director teatral lo fue con la Compañía Ponceña Guarionex, Inc., con la producción “Sirena”, como parte del Décimotercer Festival de Teatro de Ponce, del Instituto de Cultura Puertorriqueña (25, 26, y 27 de abril de 1986).

Siempre fue motivo de respeto, inspiración y admiración de la Junta Asesora del Teatro Municipal La Perla, de la cual formó parte activa (1985-1988).

En la madrugada del jueves 15 de mayo de 1986, las manos de un vil e inconsciente asesino privó a Ponce y a Puerto Rico de tan extraordinario y brillante ser humano. El féretro del amigo de todos los teatreros se expuso en capilla ardiente en el lugar que había sido el testigo más fiel de su incalculable labor, el Teatro La Perla de Ponce.

Colaboración de la Fundación Nacional para la Cultura Popular