Introducción

 

El teatro constituye un fenómeno sociocultural de gran relevancia desde su nacimiento en la Grecia clásica, tanto como reflejo de las inquietudes de cada época como por su potencial dinámico generador de cambio social (Cajade, 2009). A lo largo de su trayectoria histórica, el fenómeno teatral ha ido adoptando diversas formas y contenidos constituyendo un espacio de creación de nuevos discursos, ideas, símbolos y representaciones. Son estos los que poseen la aspiración de educar, proporcionar respuestas propias a los problemas y conflictos que se les plantean a los individuos en las sociedades contemporáneas o simplemente servir de entretenimiento ante diversas situaciones que afectan el entorno.

En una ciudad considerada tradicionalmente como la segunda de Puerto Rico, y cuya población es de 166,327 habitantes los aportes a la cultura de la isla han sido abundantes. Según el político y poeta Luis Muñoz Rivera destacara en el siglo 19 Ponce es “La ciudad más puertorriqueña de Puerto Rico”. Cónsonos con este precepto la ciudad ha desarrollado un sinnúmero de actividades artísticas y sociales que realzan el sentido de pertenencia y una percepción de comunidad entre los recién llegados y locales.

Con esto en mente Don Francisco Arriví, titán del Teatro Nacional asume sobre sus hombros la magna responsabilidad de los Festivales de Teatro Puertorriqueño del Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICPR). Arriví reconoce el desarrollo de la ciudad y la necesidad de que estos festivales no fueran patrimonio único del área metropolitana e instaura en 1967 el Festival de Ponce y Vanguardia. En este momento surge la figura de un joven ponceño que brinda a los festivales del ICPR en Ponce, una inyección de energía y dinamismo, Luis Torres Nadal.